IBIZA | LAURA RIERA
Elieen Allison nace en India en 1934. A los 17 años se traslada a Inglaterra para estudiar Enfermería, pero cuando comienza a ejercer esta profesión se da cuenta de que no le gusta este oficio, por lo que decide ganarse la vida como camarera en un bar. En 1974 viene
a Ibiza con unos amigos, lugar en el que ella y su pintura se instalan definitivamente.
La vida de Elieen Allison se puede dividir en tres etapas. Cada una de ellas está marcada por un país. En 1934 nace en India, país del que es originaria su madre, casada con un escocés. Con tan sólo 17 años se separa de sus padres para estudiar Enfermería en Inglaterra. Allí recibe una educación estricta, pero de calidad. Es en 1974 cuando llega a España, concretamente a Ibiza. En todos estos viajes le acompañan un par de lápices y una libreta en la que poder dibujar, ya que la pintura es una pasión que le ha acompañado desde que tiene uso de razón, al igual que su vitalidad, que se percibe nada más verla. Es una mente inquieta. Su primera exposición, una de las actividades del Día Mundial del Alzhéimer, se puede contemplar de ocho a diez de la noche, en la Sala Municipal de Exposiciones de Santa Eulària hasta el martes.
Elieen opina que la edad es algo secundario, que lo importante es llevar una buena vida y tener motivaciones. Por el estado en el que se encuentra a sus 75 años, la suya debe haber sido ejemplar, o eso parece indicar su sonrisa, que es contagiosa y parece no poder borrarla de su rostro. Pasar una hora con ella es poco tiempo, pero el suficiente para darse cuenta de que es una mujer con carácter y con las ideas claras.
«Siempre he sido rebelde, aunque entiendo que aquí hay normas que se deben respetar. Pero bueno, a mí me gusta mucho estar a mi aire», cuenta Allison, una de las residentas más creativas de la residencia de Can Blai, adjetivo que corrobora Nacho Ortiz, uno de los enfermeros. «Siempre lleva encima una carpeta llena de hojas y lápices para dibujar», explica Ortiz. Además, es muy coqueta. A pesar de que hoy no tiene previsto salir, va de punta en blanco. Lleva una falda y una camisa azul con estampado de flores y el pelo recogido. También maquillada. «Una chica siempre tiene que ir arreglada», opina.
Apenas guarda recuerdos en su memoria de sus vicisitudes en India. Es normal, han pasado muchos años. Sin embargo, no se le olvida que fue allí donde empezó su faceta artística. «En el colegio ya me gustaba mucho pintar. Dibujaba cosas sencillas», explica. A los 17 años hizo las maletas para marcharse a Inglaterra para mejorar su educación. Es una chica independiente. Estar a kilómetros de distancia de su familia no le supone un trauma pese a su juventud. Aquí estudia Enfermería. Cuando completa sus estudios comienza a ejercer en un hospital. Sin embargo, la fuerza que la caracteriza se resiente, ya que se da cuenta de que no posee la suficiente frialdad como para estar día a día rodeada de enfermos. Su vida cambia de rumbo. Para ganarse la vida trabaja como camarera en un bar. Se hace muy amiga de unos clientes habituales, que le proponen venir a Ibiza. Esto sucede a principios de los setenta, década en la que el espíritu hippie reina en la isla. «Cuando llegué me pareció un lugar muy pequeño. Además, casi nadie sabía hablar inglés. Esto me obligó a aprender español», cuenta. Elieen no se imagina entonces que en este lugar de modestas dimensiones conoce al hombre que se convertirá en su marido. «Nada más conocernos, nos enamoramos», afirma. «Él nació en Madrid, pero en aquella época ya vivía aquí», puntualiza. Fruto de esta relación es Lara, su única hija. «Ella vive en la capital. La quiero mucho, pero a mí no me gusta vivir allí. Prefiero estar en Ibiza», cuenta. De hecho, ella se considera ibicenca.
Hace apenas unos días, Elieen pudo disfrutar de la compañía de su hija. Lara no quiso perderse la inauguración de la primera exposición de su madre, organizada por el personal de la residencia sin que Elieen lo supiera. Fue una sorpresa. «El día anterior a la inauguración no encontraba mi carpeta de dibujos. ¡Pensaba que me la habían robado!», expresa esta artista. «Cuando le contamos que 40 de sus dibujos estaban colgados en la pared de la Sala Municipal de Exposiciones le temblaron las piernas», señala Nacho. «La verdad es que me hizo mucha ilusión», reconoce. Sin embargo, asegura que nunca se ha planteado ser pintora. «Yo no dibujo para vender cuadros. La pintura es para mí un modo de relajarme», manifiesta.
La lectura es otra de las aficiones que ocupa su tiempo. Su habitación está abarrotada de libros. «Un día entré en su cuarto y vi una montaña de libros. Pensé: ¡nos llevaremos un susto si se le cae encima!», bromea Nacho. «Me gusta mucho leer. Ahora estoy con ´El Intercambio´. Es increíble», opina. «No entiendo a la gente que se pasa el día viendo la televisión. Yo sólo veo los informativos y el fútbol», confiesa esta seguidora del Real Madrid y del Liverpool.