IBIZA | MARTA TORRES
Malika Aidasani mueve los dedos de su mano izquierda mientras escribe en una pizarra con la derecha. Está concentrada en los números azules: 888 multiplicado por tres, 999 por seis y 510 por ocho. Tres multiplicaciones que resuelve a una velocidad que deja boquiabiertos a niños y mayores. Cuando se gira para comprobar que sus resultados son correctos algunos de sus espectadores todavía están peleándose con la calculadora del móvil para obtener las tres cifras.
Malika, de diez años, se lleva el tercer aplauso de la tarde, que acoge con una sonrisa. Está acostumbrada. No es la primera exhibición de este estilo que protagoniza junto a su tío Deepak, director en España del Universal Concept Arithmetics System (Ucmas), un programa de desarrollo mental que tiene como objetivo potenciar la capacidad de concentración de los niños, además de la imaginación y el cálculo mental, algo que pudieron comprobar ayer más de medio centenar de personas en el porche del colegio Morna, en Santa Gertrudis.
Mientras Malika espera paciente que llegue la hora de enfrentarse a los números, los padres escuchan a Deepak. «El problema de los niños es que no se concentran. Se sientan en la habitación y se despistan con facilidad», comenta. Los padres asienten. «Seguro que os lo han dicho muchas veces, que no os concentráis», añade mirando a los pocos escolares que han preferido escuchar la charla que aprovechar para jugar en el patio. También asienten.
Deepak pide la colaboración de tres padres para comenzar la demostración. «Es sólo para ayudar, no os voy a preguntar nada», bromea antes de que tres madres se animen a salir al escenario. Malika se levanta y se dispone a escuchar una tira de veinte números. Mientras Deepak los lee va moviendo los dedos de sus dos manos. «Cuarenta y seis», dice apenas dos segundos después de que le canten el último dígito. Las tres madres comprueban la suma. No se lo pueden creer.
Vuelven a repetir con otra tira de números. «Ciento tres» dice la niña. Las voluntarias jalean a Malika y levantan los pulgares como si fueran césares romanos, el público aplaude y una de las niñas que está sentada en primera fila llama a gritos a sus compañeros que juegan en el jardín: «¡Venid a ver esto! ¡Es alucinante!». Ahora la cosa se complica. Los números que debe sumar Malika tienen dos cifras. Sus dedos no le fallan. La cifra que sale de su boca es la correcta. Sólo se equivoca en la última prueba. Cuando le proponen una multiplicación nada fácil: 971.197.672 por cinco. Confunde un tres por un ocho, pero al segundo intento no falla y la calculadora se le adelanta por los pelos. «Esto es una prueba de que Malika no es una maga o un genio, es una alumna normal de diez años», comenta su tío. «Cualquier niño puede conseguirlo», añade.
Cuestión de dedos
El secreto está en los dedos. Deepak explica por qué. «Este sistema se basa en el ábaco, que es un instrumento chino que tiene más de dos milenios de antigüedad. Los seis primeros meses los niños practican con él, luego deben seguir trabajando con un ábaco imaginario, lo que estimula la imaginación», señala el director de este programa en España, que insiste en que no debe confundirse con las matemáticas, a pesar de que se centre en los números.
De hecho, Deepak explica que tener que atender a los números mejora la capacidad de escuchar de los estudiantes, lo que redunda en una mayor capacidad de concentración para cualquier otra asignatura. El director asegura que la tranquilidad con la que Malika se enfrenta a estas pruebas de cálculo mental en público tiene también mucho que ver con este programa. «Es una cuestión de seguridad y confianza en uno mismo», añade sobre este programa que se ofrecerá como actividad extraescolar en el colegio privado de Santa Gertrudis, según explicaba ayer por la tarde el director del centro.
Al acabar la exhibición, decenas de padres se acercan a hablar con Malika y Deepak para resolver algunas de las dudas que les dan vueltas a la cabeza. Algunos, sobre todo los niños, no pueden evitar la tentación de tocar las cuentas del pequeño ábaco que han traído para la exhibición. «Es chino», comentan dos alumnos mirando los ideogramas blancos que decoran uno de los bordes del instrumento. Otros alargan la mano hasta otro ábaco enorme con cuentas amarillas que reposa en la mesa. «¿Y con esto de verdad se puede sumar, restar y multiplicar?», se cuestionan incrédulos echándole un último vistazo al primer ábaco que han visto en su vida.
«¿Y no podemos apuntarnos también los mayores?», pregunta de las madres más interesadas. «Nosotros ya hemos perdido el tren», le responde sonriente Deepak, que especifica que este sistema es eficaz cuando se enseña a niños de entre cinco y trece años, que todavía tienen la mente en pleno desarrollo. «Vaya, que nuestro tren está muerto», se lamenta la madre, que ya se veía aprendiendo a calcular como Malika, a la velocidad del rayo.