IBIZA | MARTA TORRES
Hay alguna flor y un par de pinturas submarinas. La posidonia se resiste todavía a huir de los cuadros de esta escocesa que llegó a Ibiza hace ya muchísimos años. Naranjas, rojos, blancos, amarillos. Los cielos que Teresa Wood ve cada día desde su casa son de todos los colores. «Cada día es diferente. No hay un cielo igual», comenta. Muchos de los cuadros que expone muestran lo que ve desde su casa. Es Vedrà, Formentera. Amaneceres, atardeceres, noches rotas por una hilera de luces y olas tan bravas y oscuras que parecen un cuadro abstracto. «No me gusta la pintura muy realista», señala.
Esta es la primera vez que Wood expone óleos. Hasta ahora utilizaba acrílico y acrílico mezclado con agua, materiales con los que llegó a pintar en un caballete anclado al fondo marino los cuadros de su anterior exposición en solitario.
Es la primera vez que deja a un lado la acuarela, a pesar de que no viaja jamás sin su bloc y sus pinturas al agua. «Es lo más práctico cuando quieres pintar y no estás en casa. Yo siempre, de vacaciones, encuentro un momento para hacer algunos bocetos de lo que veo en los viajes», explica. Marruecos o Tailandia, donde vivió una temporada, han quedado reflejados en su bloc de acuarelas.
A Teresa Wood, que se reencontró con la pintura que había estudiado en Bellas Artes después de una década ganándose la vida como actriz, le gustan los cuadros grandes. Muy grandes. Tan grandes que es consciente de que no puede pintarlos. «No cabrían en mi estudio, que no es precisamente pequeño», reconoce riéndose.
Su pasión por el mar le viene desde que era una niña. «Nací en Escocia, y siempre crecí cerca del mar», detalla. Después de años pintando y décadas mirando el cielo asegura que ha llegado a la conclusión de que los mejores cielos son los de otoño y primavera y menea la cabeza al recordar las veces que, después de ver una puesta de sol increíble ha pensado que no valía la pena pintarla: «A veces son tan impresionantes, con unos colores tan especiales, que creo que si los pintara, la gente diría que es imposible. No se creería el cuadro».