BENIMUSSA | C. M.
«No puedo trabajar si hay ruido», confiesa Tinnell en la especie de almacén donde ha habilitado su estudio: una mesa de madera grande cubierta de libros sobre la guerra civil española que utiliza para documentarse concienzudamente, trozos de papel con anotaciones (las que ya ha utilizado, tachadas), un sofá, una confortable mecedora de madera y un televisor. La temperatura aquí es varios grados inferior a la de fuera, donde el calor enloquece a las chicharras. Los montes cubiertos de pinares de Benimussa rodean la casa, blanca, modesta pero de un gusto exquisito, un remanso de paz sumergido en plena naturaleza. Enfrente se recuesta sa Conillera y se contemplan espectaculares puestas de sol; a veces se aprecia la silueta dentada de Dénia. «Esto es el paraíso», sentencia. Aquí es donde Tinnell ha escrito su novela sobre un periodista norteamericano que cubre la guerra española. Aunque ficción, el catedrático ha comprobado cada fecha y cada detalle: hasta si hay algarrobos en Menorca a cuya sombra situar a su protagonista para dormir la siesta. Ahora está traduciendo al castellano las 188 páginas de su novela. «Me lo he pasado bomba», exclama con entusiasmo juvenil este investigador nato que se siente un privilegiado por haber podido trabajar en lo que le fascina, y que además contagia esa pasión, hable de lo que hable. Tinnell está muy agradecido a Manuela Bonet, la bibliotecaria de Sant Antoni, donde acude con frecuencia para consultar Internet, ya que en su hogar no tiene acceso a la red (una pequeña pega aunque soportable de su particular paraíso en la tierra).
La novela surgió hace años, de un encuentro con un hombre que fue periodista en España durante la guerra y que le regaló un ejemplar de su libro de memorias. Cuando Tinnell se jubiló, encontró el volumen entre sus papeles y su teléfono; le llamó, le encontró y le propuso traducir al castellano los artículos que había publicado en periódicos norteamericanos. «Luego pensé que el material era muy interesante para una novela, pero como él no quiso, estoy inventándola», explica.
El joven periodista creado por Tinnell, George Geiger, envía crónicas al periódico Washington Advance: la primera, de noviembre de 1936; también relata la ratonera en que se convirtió el puerto de Alicante para los republicanos que aún confiaban en huir de las tropas franquistas en marzo de 1939, cuando ya estaba todo perdido. El intrépido cronista intenta concienciar a sus lectores de la necesidad de una intervención europea para salvar a la República y acabar con las atrocidades de la guerra. La historia mezcla los artículos del corresponsal con sus vivencias, en las que no falta una apasionada historia de amor, como mandan los cánones. El título, de momento, es ´An american reporter in the civil war´ (un reportero americano en la guerra civil). Y como no podía ser de otra manera, la novela está atravesada por la literatura y la cultura española, en lo que Tinnell es un experto: por ejemplo, aparece el asesinato de Lorca, o Unamuno y su enfrentamiento en la Universidad de Salamanca con Millán Astray.