BENIMUSSA | CRISTINA MARTÍN
Cuando Roger Tinnell se topa en la Fundación García Lorca con un manuscrito de la canción popular ´Estaba el señor don Gato´ no se limita a tararearla: este catedrático norteamericano recuerda de inmediato a una mujer mayor que la cantaba en Jaén y se pregunta cuántas versiones diferentes debe de haber en el mundo, y como ya está jubilado y se puede permitir el lujo de dejarse llevar por los impulsos caprichosos de su curiosidad, se dedica a recopilarlas. Así, reúne y analiza hasta sesenta variantes de este antiguo romance desde el siglo XVI en castellano, catalán, valenciano, gallego, portugués, sefardí, en Chile, México, Guatemala, Venezuela, Perú, la República Dominicana... La canción se extendió a otros países con los judíos que se iban de España. Junto a un colega musicólogo, Israel Katz, que desmenuza y analiza la música de esta cancioncilla, publicó en el Anuario Musical en 1999 el artículo ´Federico García Lorca como folclorista: el Romance iberoamericano de don Gato´. Tinnell ha estudiado durante años la relación de Lorca con la música, que fue tan importante en su vida y en su obra: «Menéndez Pidal le pedía que recogiera canciones populares granadinas», relata el estudioso, lo que explica la presencia de la canción entre los papeles del escritor. Esta anécdota refleja la personalidad de Tinnell, marcada por una curiosidad insaciable, una tenacidad y un rigor que caracterizan su trayectoria: no hay obstáculos que no puedan superar sus investigaciones, da igual lo que se proponga.
La lista de publicaciones de Tinnell es interminable, y giran en torno a Lorca, la música y la literatura españolas; algunas de sus obras son empresas monumentales, como el ´Catálogo anotado de la música española basada en la literatura española (textos literarios en castellano, catalán, gallego y vasco)´ (Comares Press, 2001), o el ´Epistolario a Federico García Lorca desde Cataluña, la Comunidad Valenciana y Mallorca´ (Comares Press y Fundación García Lorca, 2001), ´Federico García Lorca y la música: catálogo y discografía anotados´ (Fundación Juan March y Fundación García Lorca, 1998), ´An annotated discography of music in Spain before 1650´ (´Discografía anotada de música española antes de 1650´, Madison, Universidad de Wisconsin, 1990) o ´Catálogo discografía de las canciones populares antiguas y de música basada en textos de Federico García Lorca´ (Plymouth State College, 1986).
Siete años de investigación
La última obra de Tinnell acaba de ver la luz, publicada por el Centro de Documentación Musical de Andalucía y fruto de siete años de investigaciones: ´Los músicos escriben a Federico García Lorca (Epistolario conservado en la Fundación García Lorca)´ reúne medio centenar de cartas, postales y telegramas en gran parte inéditos firmados por insignes personalidades de la época como el crítico Adolfo Salazar, Manuel de Falla, el zarzuelista valenciano Manuel Penella, el pianista menorquín Leopoldo Cardona, los compositores Ernesto Halffter y Robert Gerhard, el gran bailarín Rafael Ortega, la famosa artista La Argentinita (amante del torero Ignacio Sánchez Mejías, cuya muerte en el ruedo inspiró al escritor el famoso poema), o el guitarrista Andrés Segovia.
Algunos textos son auténticas joyas con un gran valor testimonial y conforman un marco a veces siniestro puesto que el lector ya sabe cuál fue el trágico final del poeta (fue fusilado por los falangistas el 18 de agosto de 1936 en Granada): pone los pelos de punta la carta de Manuel Penella, que en 1928 solicita al poeta que le escriba un texto para zarzuela; no sabemos si Lorca le contestó, pero Tinnell encaja las piezas del puzzle que hace que la carta, con su contenido inocente, sea estremecedora: Penella era abuelo de las actrices Emma Penella y Terele Pávez, cuyo padre, Ramón Ruiz Alonso, denunció a Lorca, que fue fusilado de inmediato. Es decir, ocho años después de que Penella dirigiera una ceremoniosa carta al poeta, en la que le expresaba su más sincera admiración, su yerno pasaría a la historia de la infamia universal por haber entregado al escritor a sus asesinos. Las letras de Penella son conmovedoras: «Es Vd. uno de nuestros primeros y más modernos poetas líricos. Conocía algunas composiciones suyas, y luego vi su ´Mariana de Pineda´, cuyos versos me encantaron realmente».
Este es el tipo de puzzles que apasionan a Tinnell y que desde que se sacudió de las obligaciones del trabajo académico ocupan cada minuto de su tiempo: siente la vida y la investigación como un gran puzzle salpicado de momentos mágicos que se dan cuando una pieza encaja de repente, como esa carta de un compositor de zarzuela que enlaza directamente con el asesinato de Lorca pese a estar escrita aún en tiempos de la monarquía, durante la dictadura de Primo de Rivera, cuando nada hacía presagiar el torbellino que tragaría al país, y mucho menos cómo se truncaría la vida del genial poeta con sólo 38 años.
Conexiones
Tinnell vibra con este tipo de «conexiones», como las llama él: otra curiosa es la del músico Gustavo Durán, que estuvo en la Residencia de Estudiantes con Lorca, Alberti, Buñuel, Emilio Prados y Benjamín Palencia, y que escribió en 1926 y 1927 dos postales y un tarjetón al poeta granadino, su gran amigo; aquel estudiante se convertiría años después en el general Durán y, en la batalla del Jarama, fue el jefe de la brigada ´Federico García Lorca´. También está incluida una de las últimas cartas que leyó Lorca: la de Teresa Cordomí de Vilallonga, que el 8 de julio de 1936 (diez días antes de que se produjera la rebelión militar contra la República) le pide la letra de una canción; fue poco antes de que Lorca decidiera volver a Granada, donde le asesinaron.
Además, Tinnell ha escrito numerosos artículos para revistas especializadas: los últimos, de este año, son ´Poesías inéditas de Emilio Prados encontradas en el archivo de la Fundación Federico García Lorca en Madrid´, en el Boletín de la Fundación Federico García Lorca, o ´Joan Subias Galter escriu a Salvador Dalí´, en Revista de Catalunya. Este tiene también una historia curiosa. Tinnell halló una carta de Subias a Dalí en la Fundación García Lorca fechada en 1925. Le picó la curiosidad e indagó sobre el personaje: era un importante historiador de arte catalán que tenía una preciosa casa modernista en Figueres y que pedía en la misiva a Dalí que le devolviera el libro ´Un salón de otoño´, de Eugenio d´Ors. Luego se preguntó si el pintor habría entregado el libro, y descubrió que no: forma parte del legado del artista que se conserva en Figueres. Y después contó la historia en un artículo que vio la luz en abril y que aporta detalles sobre la época y varios personajes que ya entonces tenían una importancia social. «Es un capricho mío publicarlo», admite. Tinnell cuenta que la casa fue bombardeada durante la guerra y la familia perdió gran parte de sus posesiones y su archivo.
El catedrático publicó en 1997 el artículo ´Epistolario de Emilio Prados a Federico García Lorca´ en el Boletín de la Fundación García Lorca; en algunas cartas se ponía de relieve que la relación de ambos poetas era más que íntima.
De Virginia a Ibiza
«Soy muy de campo», advierte este hombre de 65 años que no echa nada de menos de su país, ni siquiera en el aspecto cultural: tiene la «gran suerte» de que un amigo suyo, lector voraz como él pero con poco espacio en su apartamento, le envía cada dos semanas una caja llena de libros de todo tipo, «la mejor literatura escrita en inglés», que Tinnell devora a su vez. Además, los libros tienen las correcciones de su amigo, un lector muy crítico, que a Tinnell le encanta encontrar. «Leo de todo, novela policiaca, inglesa de los siglos XVIII y XIX... no leo mucha ficción de ahora», reconoce, aunque aclara que ha empezado un libro sobre Robert Capa (fotógrafo que captó impactantes imágenes de la guerra civil) porque le interesa para documentarse para su novela. Tinnell se jubiló en 2004: «Qué gloria —exclama—. Ni por un minuto me he aburrido». Entonces fue cuando se trasladó definitivamente a Ibiza, isla en la que pasaba varios meses cada año desde 1980. Vendió parte de sus muebles, pero trasladó hasta la isla su biblioteca, que incluye una «gran colección sobre Lorca».
Tinnell nació en Virginia, al sur de Estados Unidos, pero pasó treinta años en la frontera con Canadá, en New Hampshire, donde gran parte del año la nieve alcanza un metro de altura y hay que abrir caminos hasta las casas con palas. Está encantado en Ibiza: «La gente es muy generosa, abierta, les gusta reír, los chistes, comer bien... es como estar en casa», asegura este hombre que si algo valora es el sentido del humor y los placeres de la vida. No obstante, Tinnell es muy crítico con el crecimiento urbanístico desorbitado de la isla y con la masificación turística, y abomina de las nuevas autovías.
Fundación García Lorca
Roger Tinnell conoce muy bien la Fundación García Lorca desde los años 80, cuando el legado aún estaba en cajas y «había muchísimo por organizar». Allí estuvo él clasificando las partituras del escritor. «La familia, que se exilió a Nueva York, ha conservado muchos papeles; muchos fueron comidos por ratones y bichos o se perdieron. Allí encontré partituras y libretos, así como revistas y libros sobre música», cuenta el estudioso. «Hay muchas cosas inéditas aún», explica, y revela que ya ha reunido una veintena de cartas inéditas relacionadas con Valencia y Barcelona, dos de ellas de la compañía de teatro de Concha Torres en las que le pedía permiso para representar la obra en la ciudad del Turia. Pero ¿quién era Concha Torres? Y, una vez más, Tinnell empezó a tirar del hilo y en la Biblioteca Nacional encontró un folleto suyo, y en la Fundación, un programa de mano: poco a poco, la historia aletargada en esas líneas escritas a principios del siglo pasado vuelve a cobrar vida gracias a la mente inquieta del investigador.
«He tenido una vida privilegiada. Mi trabajo es divertido, me gusta mucho», asegura con un brillo en los ojos y una gran sonrisa.