IBIZA | J. LL. FERRER
La empresa constructora del edificio Cetis, que incluye la futura estación de autobuses y las dependencias municipales, deberá tener totalmente finalizada la restauración de la antigua vivienda de sa Colomina antes de que termine el año, según confirmó ayer el primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Ibiza, Santiago Pizarro.
La rehabilitación de esta vivienda histórica, que sufre un severo estado de degradación, está incluida dentro del mismo contrato con el que se adjudicó el Cetis a dicha empresa, y éste prevé la finalización de las obras en diciembre de 2009. «Es decir, tiene el mismo plazo de ejecución que el resto de la obra, así que todo tiene que estar listo a finales de 2009», indicó el concejal.
Sin uso definido
El complejo del Cetis está ya prácticamente terminado, pero la vivienda de sa Colomina apenas ha sufrido intervención alguna, exceptuando una limpieza superficial y la retirada de la valla publicitaria que tapaba su fachada. Esta inactividad se debe, según el Ayuntamiento, a que la propia Corporación había estado negociando durante todo este tiempo con una entidad bancaria la posibilidad de ubicar allí un centro cultural, y ello condicionaba los acabados de la casa. Sin embargo, como estas negociaciones finalmente no han fructificado, el inmueble se restaurará «sin más» y el Ayuntamiento decidirá posteriormente qué uso le da.
La ubicación y la configuración del inmueble lo convierten en idóneo para varias finalidades públicas, según el Ayuntamiento.
La vivienda de sa Colomina dio nombre a la finca en la que se encontraba y consiste en una residencia de tipo semi-señorial que fue utilizada como casa de recreo por una adinerada familia de Vila durante el siglo pasado. Su estilo arquitectónico escapa al tradicional del campo ibicenco y, en cambio, se inscribe en la fisonomía típica de las viviendas residenciales que entre finales del XIX y principios del XX se construyeron en las afueras de la ciudad de Ibiza, y de la que todavía sobreviven algunos ejemplares, muy amenazados por la presión urbanística.