IBIZA | LAURA RIERA
—¿Cuándo vino por primera vez a Ibiza?
—La primera vez que visité la isla fue en el verano de 1977 porque unos amigos me recomendaron venir aquí de vacaciones. ¡Lo que no sabía es que me iba a quedar aquí toda la vida! Decidí instalarme en la isla porque quedé encantado. Ibiza me pareció un lugar con muchas posibilidades para desarrollar un trabajo creativo, ya que en Italia ya tenía inquietudes creativas.
—¿Cómo y por qué empieza su oficio de artesano?
—Aquí conocí a varios artistas y artesanos que me introdujeron en este mundo. Compré herramientas básicas para trabajar con la plata porque me llamaba mucho la atención la joyería: las formas, los objetos… Para seguir con mi formación también hice varios cursos de joyería en Londres. A partir de entonces decidí dedicarme a esta profesión y en los ochenta comencé a vender mis joyas en el mercadillo de es Canar. También recuerdo que en aquella década se celebraba la Semana Cultural de Vila, en la que participé.
—¿Cuál es su labor como presidente de la Asociación de Artesanos Profesionales de Ibiza?
—El trabajo principal es de coordinación: preparar ferias, participar en acontecimientos puntuales…
—¿Con cuántos socios cuenta la Asociación?
—La asociación está formada 25 artesanos.
—¿Qué ventajas supone al artesano pertenecer a ella?
—Participar en las ferias que organizamos, información del mundo de la artesanía y recibir apoyo de las instituciones públicas. También es un punto de encuentro para nosotros.
—¿Cuáles son las mejoras que se han producido en los últimos años en el sector?
—Se ha ido refinando la calidad expositora y esto se pone de manifiesto en la Fira de sa Tardor de este año. Mucha gente nos ha felicitado por ella, sobre todo los artesanos que vienen de otras comunidades autónomas. En algunas ferias de la Península siempre se cuela algún puesto de alquien que no es artesano. Los profesionales agradecen que esto aquí no ocurra.
—¿Cuál es el nivel de calidad de las artesanías que se venden en la isla?
—Opino que la calidad de la artesanía que se ofrece en Ibiza es alta, ya que hay artesanos muy buenos. ¡Hay piezas de algunos artesanos que merecerían estar en museos! En la asociación hay algunos que salen en revistas nacionales de artesanía.
—¿Cuáles son las reclamaciones principales del gremio?
—Llevamos más de veinte años reclamando un centro artesanal en Ibiza. Teníamos un proyecto que ha estado a punto de salir adelante en varias ocasiones, pero por cambios de gobierno u otras razones, las autoridades lo echaban para atrás. Los artesanos nos quejamos de que no tenemos un punto de venta exclusivo en Ibiza como hay en Menorca. Tenemos su mercado artesanal como referencia, es el modelo a seguir. Un lugar en el que todos los vendedores son artesanos y en el que se ofrecen conferencias, cursillos… Esto también ayudaría a despertar el interés por este oficio.
—¿Qué opina de los comerciantes que venden artesanías realizadas en otros países?
—No podemos controlar a los comerciantes que venden artesanías compradas en otros países. Intentamos ganarnos la vida con las nuestras. Por esta razón son importantes ferias como ésta, ya que es un modo de garantizar al cliente que todo lo que se vende aquí está hecho al cien por cien por nosotros.
—¿Cómo están afrontando la crisis económica?
—En general, 2009 es un año un poco complicado, por lo tanto, la crisis también afecta a los artesanos. Si todo el mundo se aprieta el cinturón, nosotros también tenemos que hacerlo, aunque siempre intentamos mantener la calidad porque esto es lo que nos diferencia. Es algo a lo que no se puede renunciar. En mi caso, siempre intento crear un producto exclusivo y distinguido para captar clientes. Las cosas bellas y bien hechas siempre se venden. Haya crisis o no, cuando una persona ve algo que le gusta mucho, lo compra, se da un capricho. Pero bueno, esperemos que esta época pase rápido y podamos salir adelante.
—¿Qué expectativas tiene de la Fira de sa Tardor de este año?
—Pensamos que las ventas no serán como las de años anteriores, pero quizá hay sorpresas, queremos ser optimistas. Al final de la Fira veremos cómo ha ido.
—¿Son suficientes las dos ferias que se celebran al año en Ibiza?
—Sí, opino que son suficientes porque éste es un lugar pequeño. Además, la mayoría de artesanos participamos en otros acontecimientos puntuales que se celebran en la isla a lo largo del año. Otros, también acuden a ferias de otras comunidades autónomas, sobre todo en Navidad. Esto ya no es como la década de los setenta, uno no puede vivir el invierno con el dinero que ha ganado en verano.
—¿Se puede ganar uno la vida como artesano en la isla?
—Quizá alguno lo consigue, pero es difícil. Hay que moverse bastante.
—¿Cómo acoge la clientela de la Península la artesanía elaborada aquí?
—La gente la valora, le gusta mucho. Hace unos años participé en una feria de Madrid y un cliente me dijo que me conocía de Ibiza, porque él veraneaba cada año aquí y me enseñó algunas joyas que había comprado en la isla hace unos años.
—¿Existe un perfil del comprador de artesanía?
—El cliente habitual es una persona que reconoce y valora la calidad de la artesanía. No le importa pagar por ella porque sabe que se adquirirá un producto original y exclusivo. También existe un público que no valora el trabajo bien hecho, es aquella gente que no compra artesanías porque cree que carecen de calidad. Además, también desconfían de nosotros, ¡hay gente que cree que los vamos a timar! Actualmente la artesanía está desprestigiada, se asocia con baratija, y no es así.
—¿Y cuál es el perfil del artesano?
—Una persona con muchas inquietudes creativas y que quiere elaborar objetos con sus propias manos.
—¿Está satisfecho con el apoyo que reciben de las instituciones públicas?
—No nos podemos quejar del apoyo que nos brindan para realizar ferias como la de ahora. Otra entidad que nos ayuda mucho es la Pimeef. La organización y coordinación de la Fira de sa Tardor es gracias a ellos, porque a los artesanos nos resultaría imposible montar esto solos.