IBIZA | SANDRA DÍAZ
«Nunca ha habido nadie que nos ayudase tan desinteresadamente, sin papeleos ni listas de espera; es el furgón de la esperanza social» asegura, agradecido, uno de los usuarios de la Unidad Móvil de Emergencias Sociales, un nuevo proyecto de intervención social para atención a personas sin hogar que el pasado día 7 de este mes puso en marcha Cruz Roja y para el que la Obra Social de la Caixa ha destinado 19.500 euros, con los que el equipo móvil podrá financiarse durante un año.
Cada tarde y pese a que el primer punto de atención es a las 21 horas, tres voluntarios de Cruz Roja comienzan a trabajar una hora antes para preparar los bocadillos, el café, el chocolate, los yogures, las magdalenas, los cepillos de dientes, las mantas y los preservativos que más tarde repartirán entre las personas que se acerquen hasta el furgón –antes ambulancia– que utiliza la entidad para hacer el servicio. Un servicio «que está destinado a las personas sin techo, con riesgo de exclusión social, que duermen entre cartones en la calle, los parques o los cajeros», según Rafael García Vila, presidente de Cruz Roja de Ibiza, quien reconoce que la UMES ha tenido una gran aceptación entre los más de 20 voluntarios que desde el primer día «empezaron a trabajar con muchísima ilusión» y que asistieron a un curso de intervención social básica y recibieron nociones de psicología.
Servicio itinerante
La Unidad Móvil llega, de lunes a viernes, hasta ses Figueretes a las 21 horas –donde atienden a más usuarios–, la antigua Comandancia a las 22 horas, la plaza del Parque a las 23 horas y el aparcamiento de ses Feixes a medianoche. Pero este circuito no está cerrado. Chantal, la conductora del furgón, afirma que «algunas personas son reticentes, no quieren salir de Comandancia, por ejemplo, por miedo a que la Policía no los deje volver a entrar» y, por este motivo, los voluntarios recorren, en vehículo y a pie, las calles del municipio, buscando a alguna persona que necesite comer, beber, abrigarse o alguna cura.
Por ahora, los puntos de encuentro están sujetos a la aceptación que tengan por parte de los usuarios –más de una treintena, de momento– y, con vistas al «difícil invierno que nos espera» según García Vila, el servicio de ayuda a los más necesitados de la isla se irá ampliando a los municipios más grandes, Sant Antoni y Santa Eulària, con cuyos Ayuntamientos Cruz Roja mantiene contacto para «intentar elaborar un censo de las personas que viven en la calle o, al menos, saber por dónde se mueven», asegura el presidente de la entidad, que remarca que esta iniciativa, pionera en la isla, «hacía mucha falta, puesto que hay muchas personas que no son atendidas ni por servicios sociales ni por Cáritas».
Una ayuda necesaria
La mayoría de los que se han convertido en usuarios de la UMES son personas que, por diversos motivos –entre otros, consumo de drogas o alcohol, minusvalías o carencia de trabajo–, se han visto abocados a vivir en la calle, en las cuevas o en casas abandonadas. Cada usuario es atendido personalmente por los miembros del equipo móvil, quienes, además de darles los víveres, entablan conversaciones con los usuarios por si pueden aportarles una solución. Por ejemplo, «había un chico que necesitaba un medicamento para el asma pero no sabía a qué hospital debía acudir y yo lo pregunté para comunicárselo», cuenta Chantal. Las historias personales de cada usuario son variopintas, desde una mujer que ejerce la prostitución porque no tiene trabajo hasta un chico de Polonia al que su Consulado le paga el viaje de regreso desde Barcelona, pero no puede costearse el traslado hasta allí. Todo esto queda reflejado en una ficha que los voluntarios rellenan sobre cada usuario y que, al día siguiente, envían a los servicios sociales para elaborar un censo de personas desatendidas.
Gracias a este nuevo programa de ayuda, inspirado en otros proyectos similares del Samur de Madrid y de la propia Cruz Roja de Palma, estas personas pueden comer al menos una vez al día y superar el frío de las noches con las mantas que les reparten. Además, un sanitario acompaña a la UMES para curar las heridas leves que tengan los usuarios y, si revisten una gravedad mayor, avisan a los servicios de urgencias de los hospitales para que acuda una ambulancia que se encargue de la persona.
Sin embargo, «toda la ayuda no sería posible sin la financiación de la Caixa o la colaboración de Eroski o Cafés Ibiza» asegura García Vila, quien añade que «cuando finalice el presupuesto que tenemos, buscaremos otra subvención para continuar con el proyecto porque es muy necesario». Según dicen los voluntarios Angélica y Eusebio, «a los usuarios les hace ilusión vernos, pero a nosotros nos hace más ilusión poder ayudarlos».