EIVISSA | XICU LLUY
Vayamos por partes. Joachim Kühn se lo puso muy difícil a los músicos del XXI Eivissa Jazz. Ya lo escribió anteayer Pablo Martínez Pita, crítico del periódico ABC: «El único pero que se le puede conceder a la actuación es el flaco favor que le ha hecho al resto de los participantes». Más claro, agua. Sospechamos que la organización nos ha servido el pastel de nata y frutas del postre antes que el plato fuerte. Sin embargo, hay que reconocer que estamos cenando rico, con productos de mucha calidad. De hecho, anoche tuvimos la oportunidad de asistir a dos excelentes conciertos, cada uno dentro de su categoría. Se van quemando etapas y el resultado, en general, es satisfactorio.
En primer lugar, el Mercat Vell albergó a los miembros de Skunk Project, uno de los grupos invitados por el Instituto de la Juventud, que lidera el contrabajista colombiano Juan Pablo Balcázar. Le acompañaron Santiago Colomer (batería), Joan Mas (saxo) y el mallorquín Antoni Vaquer (piano), un solista prometedor. Apuntan buenas maneras, aunque todavía muerden poco. Se nota que ya saben de qué va este rollo del jazz. Tienen el desparpajo y la osadía de los noveles.
Acto seguido, ya en el baluarte de Santa Llúcia, los checos del cuarteto Points —Miroslav Hloucal (trompeta), Lubos Soukup (saxo y clarinete), Tomas Liska (contrabajo) y Tomas Hobzek (batería)— firmaron una actuación discreta, incluso decepcionante, pues se trata de la formación vencedora en la última edición del Festival Internacional de Getxo. Son demasiado conceptuales, carecen de base armónica y arriesgan lo justito. Al menos tuvieron el detalle de ofrecer la composición propia ´En las montañas de Ibiza´. También interpretaron ´White Dominique´, ´Head around´, ´Inner Odyssey´, ´Just don´t hesitate´ y ´Dedicated to the sun´, todas ellas creaciones originales.
La segunda gran sorpresa de la noche llegó de la mano de Juan José Heredia, el Niño Josele. A priori, el guitarrista almeriense iba a centrarse en el disco ´Paz´ (2006), un emotivo homenaje a Bill Evans. Pero, finalmente, las cosas no marcharon por estos derroteros. El colaborador de Paco de Lucía sólo ofreció unos cuantos títulos de ese brillante trabajo (´Peace piece´, ´The peacocks´, ´My foolish heart´) y prefirió regodearse en su próximo CD y rememorar viejas aventuras artísticas. De esta manera, pudimos escuchar joyas como la bulería ´A contratiempo´, ´Ziryab´ y ´Gitana de la cava´, entre otras sugerentes propuestas, además de un arreglo fantástico del ´Concierto de Aranjuez´ del maestro Joaquín Rodrigo con sabor al ´Spain´ de Chick Corea.
El anunciado reconocimiento a Evans se transformó en un cajón de sastre lleno de sensibilidad y romanticismo. Gran velada, sí. Le arroparon el bajista Alain Pérez, el percusionista Israel Suárez (El Piraña) y el veterano trompetista Jerry González, que hizo ímprobos esfuerzos por encajar en este cóctel de jazz y flamenco. Fusión pura. Lo logró, aunque a duras penas.
Y, encima, subió al escenario Zambullo, cantaor residente en Barcelona y de vacaciones en la isla hasta hoy. Fue una noche asombrosa.