IBIZA | XICU LLUY
La segunda de las veladas programadas en el baluarte de Sant Pere deparó dos buenos conciertos, pero hay que reconocer que los aficionados se fueron a casa con la impresión de que ambas propuestas se habían quedado lejos de la explosión de música y sensaciones del recital protagonizado el miércoles por el trío de Joachim Kühn. A lo largo de veintiún años, el Ibiza Jazz ha reunido a grandes estrellas del panorama internacional. El listón está muy alto, altísimo, y el público ya no se conforma con cualquier cosa. Quiere más, mucho más, y ello obliga a los organizadores —Ayuntamiento e Instituto de la Juventud— a esmerarse edición tras edición.
El cuarto proyecto de Abe Rábade, bajo el epígrafe de Ibiza Jazz Experience, demostró que aquellos jóvenes que se dejaron caer por la isla en las décadas de los ochenta y los noventa se han convertido en magníficos artistas. El improvisado sexteto del pianista gallego rayó a gran altura, especialmente los saxos Hugo Astudillo y Quique Perdomo, tocando temas de los propios miembros de la banda (´Trece de la suerte´, ´Indian´, ´Al final del día´, ´Logos´, ´Asorey´, ´Broken chart´, ´Ases sobrados´, ´Waltz for trane´ y una excelente versión del ´Countdown´ de John Coltrane).
Abe Rábade, probablemente el mejor pianista de jazz español del momento, se mantuvo en un segundo plano. Se echó de menos alguna de sus portentosas exhibiciones. Esto permitió el lucimiento de sus socios, siempre digno de agradecer. La nueva aventura salió bonita, elegante y llena de ricos matices. Gustó, aunque sin el entusiasmo del año pasado. Quizás pesó demasiado el recuerdo de Perico Sambeat y sus colegas.
En cuanto al cuarteto de Tineke Postma, la saxofonista holandesa corroboró que nos hallamos frente a una solista ya totalmente curtida. Derrocha energía y frasea con precisión y belleza. Su técnica asombra. Existe una evidente complicidad con sus acompañantes. Bucea en el jazz del siglo XXI sin darle la espalda a la historia (pues la influencia de Wayne Shorter es clara). Pero también aceptemos que su discurso suena a manido. Le falta alma. Parece que lo que ella interpreta ya ha sido escuchado en mil ocasiones. A destacar la aportación del pianista Marc Van Roon, un interesante descubrimiento.