SANT ANTONI | EVA DÍAZ
La escuela de verano para niños con problemas mentales del centro de menores de Can Pep Xico, organizada por la Asociación Pitiusa de Familiares de Enfermos Mentales (Apfem) y la organización de personas discapacitadas Disparate, clausuró ayer el curso estival con una emotiva despedida protagonizada por los alumnos del centro.
Los 20 niños y adolescentes de la escuela representaron una obra de teatro en los jardines de la masía dirigida a los padres y familiares que, pese al calor asfixiante, no perdieron ni un detalle de la función. Vestidos de flores, estrellas, reyes o sirvientes, los jóvenes actores salieron decididos a escena a representar al pie de la letra su papel, tal y como habían aprendido en los ensayos. Sin embargo, algunos confesaron minutos antes de la obra estar «un poquito nerviosos».
«Todo el material lo han fabricado ellos mismos y le han dedicado mucho tiempo y esfuerzo a esta actividad», explicó Virginia, la directora de la obra llamada ´El rey de casi todo´. Al finalizar la representación, se hizo entrega de unos diplomas honoríficos que los alumnos recogieron orgullosos. La despedida del verano hizo aflorar las emociones y los llantos más de uno que se resistía a separarse de sus compañeros y amigos, con los que han compartido todos los días de julio y agosto.
La escuela de verano para niños con autismo, síndrome de Down y otro tipo de trastornos en el desarrollo empezó a funcionar en 2007 de la mano de Apfem «con la intención de crear un entorno lúdico en donde poder transmitir valores como la tolerancia, la solidaridad, la comprensión y el respeto por los demás», explicó Montserrat, la directora de la escuela de Can Pep Xico. Otro de los objetivos centrales del proyecto, tal como aclaró la directora, es «conseguir la integración y que los niños se relacionen con el resto de la manera más natural posible». Por este motivo, «la escuela es un espacio común para niños con enfermedades mentales y niños sin ningún síntoma».
Los padres se mostraron contentos y satisfechos con las actividades realizadas por el centro. «Para nosotros es una gran iniciativa porque estos niños necesitan una atención especial y mucha estimulación porque les cuesta relacionarse y abrirse al mundo exterior. Mi hija aquí es muy feliz y para mí eso es una recompensa increíble», explicó Nieves, madre de la pequeña Alba, que ha repetido todos los veranos desde que se inició el proyecto.
Por otra parte, la presidenta de Disparate, Joana Sánchez, lamentó «la escasa participación de las instituciones y las dificultades» con las que se encuentran a la hora de presentar nuevos proyectos. «Contamos con los fondos de los socios de la asociación y la casa de Can Pep Xico nos la ha cedido el obispado», añadió Sánchez.