«El día 1 de agosto, sábado, quedé con mis amigas para ir a la playa de ses Salines. Una vez allí nos encontramos a una amiga del instituto que nos dijo que en el restaurante Malibú estaba… ¡Leonardo DiCaprio! Locas de la emoción empezamos a mirar descaradamente hasta que vimos que se levantaba seguido de sus guardaespaldas. Lo pudimos ver más de cerca y… ¡Era él! Lo seguimos hasta el aparcamiento. Allí los guardaespaldas nos decían que no nos podíamos hacer una foto, pero de tanto que insistimos, Leonardo se bajó del coche y se hizo la foto con nosotras. De la emoción me puse a llorar. ¡Fue el día más feliz de mi vida!».