IBIZA | A. P.
La caída de las ventas de los productos de Agroeivissa, cifradas en un promedio del 35% este año, hace replantear a los productores el funcionamiento de la central. Además de continuar produciendo «con la máxima calidad posible», los socios estudian desde hace unos meses la posibilidad de comercializar directamente sus cosechas sin intermediarios o reduciéndolos al mínimo, según explica su presidente, Joan Marí.
Los precios «tan bajos» que han ofrecido este verano las grandes superficies «no han servido ni para cubrir los costes», por lo que los productores se han visto obligados a regalar frutas y verduras a las ONG «antes que malvenderlas a precios que sólo nos dan pérdidas».
La apertura de puntos de venta en distintas zonas de la isla podría combinarse con el acuerdo con aquellas tiendas que se avinieran a fijar junto a con la cooperativa los precios de los productos, con el fin de evitar la imposición de precios de los grandes comercios. «Hemos tenido un volumen de venta parecido al pasado año, pero con un diferencial de precios que es lo que hará que acabemos el año con cifras negativas», remarca Marí.
«Muchas toneladas» de melón, sandía y tomate no se han cosechado este verano y permanecen en distintos casos en el propio campo al no lograr con su venta «ni la compensación para recoger la fruta», señala el presidente. Pone como ejemplo que el agricultor cobra alrededor de 17 céntimos por kilo de los productos mencionados una vez descontados los gastos generales de la cooperativa y envases de alquiler («que imponen las grandes superficies») y asegura que el coste de producción ronda los 50 céntimos.
«Nos negamos a vender en estas condiciones por dignidad profesional y personal y no estamos dispuestos a que nos marquen la política de precios a pesar de la cuota de mercado que representan» las grandes superficies, remarca Marí.
La cuestión de precios radica básicamente en que las grandes superficies adoptan precios económicos de producciones en la Península con el fin de ofrecerlos a los productores ibicencos, «olvidándose de que aquí los costes son más elevados», remarca el presidente, quien además subraya que el producto local «es fresco, está próximo al consumidor y es de alta calidad, lo que no puede ser es que nos quieran pagar los tomates cultivados en la isla como si fueran de Almería de finales de cultivo, como si fuera una marca blanca, porque hay diferencias de calidad y frescura», asegura Marí.
Otras de las críticas de Agroeivissa a las grandes superficies son los márgenes de beneficio que aplican en detrimento de los ingresos de los productores. En el caso del tomate tiene un coste de alrededor de 50 céntimos el kilo. La cooperativa lo vende por hasta 80 céntimos el kilo, pero las ofertas de compra de hasta 35 céntimos «no han hecho posible su comercialización», señala el presidente. La venta al consumidor final se eleva hasta 1,5 euros por kilo, lo que supone un incremento del 300%, a excepción de días concretos de oferta en que el precio ronda el euro.
Los asociados lamentan tener que llegar al extremo de vender directamente sus productos, ya que ellos «quisieran limitarse a producir aumentando cada vez más la calidad», pero ante la disyuntiva de seguir trabajando «para no ganar nada» o abrir tiendas propias, los agricultores considera que la segunda opción podría ser la más válida en la situación que atraviesa actualmente la central.
Falta una marca propia.
Los agricultores asociados consideran imprescindible la creación de una marca propia que distinga los productos de Ibiza e informe de sus cualidades.