IBIZA | P. R.
Otro de los principal problemas que presenta la agricultura de la isla es la comercialización de sus productos a unos precios competitivos que garanticen la subsistencia de los productores. Jordi Salewski considera que la cooperativa Agroeivissa surgió con buenos propósitos, pero no ha sido capaz de funcionar acorde con sus principios. Nunca ha llegado a cumplir la función de acercar el producto al consumidor, eliminando la cadena de intermediarios, sino que se ha limitado a servir la producción a los comercios.
Llegados a ese punto los productos artesanales y de calidad producidos en Ibiza a unos costes determinados deben competir con precios de mercados externos. El analista ibicenco cree que en el momento en que el producto ibicenco llega por los mismos canales comerciales que la producción de fuera, se pierde una oportunidad de vender más caro a aquellos consumidores que valoran la calidad por encima del precio. Salewski cree que en la isla hay una demanda de productos de calidad que no se ve satisfecha por la oferta. Y considera necesario que los agricultores tengan sus puntos de venta directa a los consumidores. Algunos agricultores ecológicos abren sus puertas al público dos días por semana y venden sus productos. «Les va bastante bien», comenta.
La falta de mercadillos de productos autóctonos, como existen en muchas poblaciones de la Península, es un problema histórico y cultural. No existe esta tradición porque los pueblos de la isla donde existe la producción agraria no llegaron nunca a desarrollarse. Ahora han empezado a funcionar de forma incipiente mercadillos de productos ecológicos en algunos puntos de venta en diferentes poblaciones. Tienen vocación de convertirse en mercadillos regulares que den salida a los productos autóctonos. Pero, «hay que ver cómo evolucionan», apunta Salewski.