IBIZA | J. LL. F.
La magnitud de las cifras de bajada entre los años 1989 y 1992 no deja lugar a dudas sobre el verdadero alcance de esa crisis. El año 1989 se saldó con una caída de turistas espectacular: Alrededor de un 10 por ciento, según informó entonces la conselleria de Turismo. Pero eso no sería nada comparado con la que llegaría en 1990, cuando el tráfico aéreo de pasajeros bajó un 13 por ciento más. Es decir, sólo en dos años, dejó de llegar a la isla un 23 por ciento de visitantes. En ese mismo periodo se perdió el 50 por ciento del turismo británico. Se trataba de proporciones que amenazaban con hacer tambalear la principal industria de las Pitiusas y que, desde luego, dejan en ridículo los descensos del 2 o el 4 por ciento que se producen en los últimos años.
En pleno mes de agosto de 1990 había veinte hoteles en la isla de Ibiza que no habían abierto sus puertas. La ocupación en aquellos que sí abrieron rondó el 90 por ciento, pero sólo en agosto, porque en julio era del 74 por ciento.
Mientras tanto, casi simultáneamente la construcción inició un declive que fue moderado en 1990, severo en 1991 y catastrófico en 1992. En el plazo de esos tres años, el Colegio de Arquitectos pasó de visar 1.500 viviendas en Ibiza y Formentera a sólo 332.
Todo experimentó descensos bruscos: la venta de automóviles cayó en esos tres años un 70 por ciento, la de pan en un 35 por ciento y las llamadas telefónicas (entonces no había móviles), un 42,8 por ciento.
Hasta la discoteca más emblemática y mundialmente famosa, Ku (actual Privilege) tuvo que cerrar sus puertas en 1991 por quiebra del negocio. También se iba al garete el gran establecimiento lúdico-festivo en que se había convertido el Hipódromo Ibiza.
En 1992 Diario de Ibiza informaba de que, como consecuencia de la crisis generalizada, un gran número de familias peninsulares llegadas a Ibiza para trabajar se habían visto obligadas a abandonar la isla. A falta de cifras oficiales, algunos expertos barajaban la cifra de unas 5.000 personas que habían abandonado Ibiza durante los tres años de la crisis.
En los primeros seis meses de 1992 habían cerrado un total de 120 empresas, es decir, un promedio de veinte cada mes.
Sin embargo, para ese año el aeropuerto empezó a registrar cifras algo mejores que los veranos anteriores, lejos aún de cualquier recuperación, que no llegaría hasta 1993. Aunque 1992 fue el último año de la crisis, para entonces todos los sectores estaban tan resentidos que esa anualidad representó el fondo del pozo.