IBIZA | NIEVES GARCÍA GÁLVEZ
La prisión de Can Fita acoge en estos momentos a 154 internos pese a que sólo tiene capacidad para 66 –sin tener en cuenta a los que están en la sección abierta–, lo que provoca que las celdas de apenas doce metros cuadrados, que deberían ser para una única persona, están ocupadas por tres presos, mayoritariamente, dos, en algunos casos, o hasta cuatro, en ciertos momentos.
Según trabajadores del centro penitenciario, esto supone «un incumplimiento del reglamento que establece que las celdas tienen que ser individuales». Sin embargo, para poder atender estas necesidades, en los espacios donde sólo debe haber una cama, un váter, un lavabo, una mesa y una silla, han pasado a añadir dos camas más en forma de literas, la última de las cuales prácticamente llega hasta el techo.
«No tienen intimidad», explica un funcionario respecto al hecho de que el váter ni siquiera está separado por una mampara. Pero además de eso, se han dado momentos en los que algunos presos han tenido que dormir en el suelo; concretamente, hace unos quince días sufrieron esta situación dos internas de la sección de mujeres. En esta zona hay seis celdas y quince internas, sin embargo hace un par de semanas se superó la capacidad y dos de las celdas estuvieron ocupadas por cuatro mujeres, con lo que dos de ellas tuvieron que dormir en tierra. También ha ocurrido lo mismo alguna vez en la sección abierta, donde duermen los hombres que están en tercer grado.
A principios de mes, el director de la prisión, Manuel Vega, reconocía que en el centro había unos 150 internos y 22 en sección abierta y consideraba que, si bien se encontraban «un poco justos», estaban «bien», ya que sólo se sufre «algo de sobreocupación en verano». Sin embargo, los trabajadores, y entre ellos un representante sindical, aseguran que desde hace «un par de años» la situación se mantiene «en invierno y en verano», con cifras de entre 130 y 150 presos que, en ocasiones, han llegado incluso a los 190.
Sin separación entre los presos
Los funcionarios, que explican que el centro de Ibiza es de preventivos (personas pendientes de juicio) y no de penados (hay sólo entre 20 y 25 internos condenados, sin contar los de tercer grado), critican que no existe separación entre los presos ni por edades (jóvenes –18 a 21 años– y adultos), ni por condición (penado o preventivo), ni por cantidad de delitos (por primera vez o reincidente). «Aquí todo el mundo está mezclado, cuando debería haber una separación entre internos. El trato que se les debe dar no es el mismo», explican los trabajadores, que añaden que no se trata sólo de compartir módulo, sino de que comparten celdas.
Junto a todo esto, en la cárcel también hay otros problemas como, por ejemplo, deficiencias en el sistema de seguridad. Según los trabajadores, que dicen que esto ha ocurrido desde siempre, a diario se pasan informes a la dirección del centro y a la subdirección de seguridad detallando la situación pero, por el momento, las cosas siguen igual. No obstante, un representante sindical puntualiza que, al parecer, existe un presupuesto para subsanar la situación. Del mismo modo, señalan que los empleados de las oficinas están «hacinados» y que, a su juicio, esta situación incumple la normativa de riesgos laborales. «También deberían ampliarse las oficinas», afirman.
Pero en lugar de intentar mejorar todos estos problemas, los trabajadores critican que la secretaría general de Instituciones Penitenciarias ha optado por construir un polideportivo, cuyas obras ya han comenzado y que, según apuntan, su coste puede rondar «el millón de euros». «En lugar de ampliar el número de plazas o hacer un pabellón nuevo, harán un polideportivo. Primero se necesitan celdas para que la gente pueda estar individualmente o de dos en dos. Después, una vez ampliado, se pueden hacer otras cosas», subraya un sindicalista. En este sentido, creen que no tiene mucho sentido construir un pabellón deportivo en una prisión de preventivos donde los internos están unos meses o incluso menos y no se puede llegar a hacer un labor deportiva como en cárceles donde están años.
Versiones discrepantes
El director de la prisión, Manuel Vega, dice que la sobreocupación sólo se da en verano, pero los trabajadores aseguran que desde hace un par de años también hay una alta ocupación durante el invierno.