IBIZA | JOAN LLUÍS FERRER
La palabra ´crisis´ es omnipresente. Todos, o casi todos los indicadores productivos y de consumo descienden. A menudo se agita el fantasma de la anterior recesión, la de 1990, como antecedente y ejemplo más inmediato de lo que ahora sucede. Pero ¿hasta qué punto la crisis actual es comparable a aquella? ¿Cuál de los dos periodos resultará finalmente más grave.
Todos los empresarios y expertos consultados por este periódico coinciden en que la recesión sufrida en Ibiza y Formentera entre 1989 y 1992 tuvo efectos mucho más devastadores que la de este año. Para empezar, entonces la crisis duró tres años y la actual puede limitarse, según las previsiones, a una temporada o, a lo sumo, dos.
El economista Joan Carles Cirer, que a principios de los 90 trabajaba en una entidad financiera de la isla, sostiene que la principal diferencia es que «en aquél momento, los empresarios habían gastado mucho dinero en sus negocios y la crisis llegó antes de que pudieran tener ingresos». En cambio, en el momento actual, la recesión llega cuando «la gente ya ha finalizado las obras y las empresas tienen una situación más sólida que antes; los polígonos industriales, las promociones inmobiliarias, las renovaciones hoteleras y todas las grandes inversiones privadas ya se habían terminado».
Eso hizo que «hubiera muchas empresas que estuvieran endeudadas, y, al mismo tiempo, también les debían dinero, pero nadie pagaba a nadie, con lo cual era una cadena». Ese nivel de endeudamiento hoy no existe, por los fuertes ingresos generados en los últimos años de esplendor. Matiza Cirer que hay numerosas y dramáticas excepciones, como un gran número de pequeñas empresas que están cerrando, pues su posición ante los vaivenes económicos siempre es más frágil que las grandes compañías. Y aunque quedan muchas viviendas sin vender, incluso ese excedente acabará teniendo salida: «Ahora todo se construye con hipotecas bancarias», lo cual constituye un paraguas financiero. «El proceso ahora está en manos profesionales e, inmediatamente que la situación mejore, los bancos podrán ir sacando las viviendas, al ritmo que puedan, pero las irán sacando», afirma Cirer.
También recuerda este economista que «en aquellos años, las páginas de Diario de Ibiza estaban repletas todos los días con anuncios de subastas y embargos, cosa que ahora no sucede».
Por otra parte, la falta de créditos es una característica de la recesión actual, pero lo mismo «y aún peor» sucedió entre 1989 y 1992. «No se daban créditos, la restricción crediticia de entonces era peor que la de ahora.
Intereses al 16 por ciento
En idénticos términos se expresa el veterano empresario y directivo patronal –hoy conseller de Promoción Empresarial– Joan Serra Mayans. «No se concedían créditos y, si se daban, era a un tipo de interés altísimo, de hasta el 15 y el 16 por ciento», frente al 6 por ciento actual para las hipotecas.
También él opina que «en 1990, la situación de las empresas era más frágil que ahora, porque la financiación era a muy corto plazo y con tipos de interés más altos, aparte de que no existía el euro», que también ha ayudado a armonizar el funcionamiento de las empresas.
Serra Mayans no alberga dudas de que «aquella crisis fue peor porque la situación económica de partida era más débil». «Además, la capacidad de respuesta que ha habido ahora por parte de las Administraciones ha sido muy importante», agrega. En su opinión, «el momento actual es preocupante, pero creo que con las medidas que se han tomado podremos salir de ella».
Joan Carles Cirer está de acuerdo: «Los empresarios nunca lo reconocerán, pero la realidad es que esta es una crisis que pasará», y todo volverá luego a su cauce.
El presidente de los hoteleros ibicencos, Juanjo Riera, recuerda que en aquella primera crisis «la temporada duró tres meses», situación que, pese a la bajada actual, no es la que se vive ahora. Además, no consta un número relevante de hoteles cerrados en pleno agosto, como sí sucedió entonces.
«Esta crisis pilla a las empresas hoteleras mucho más saneadas que en el 90, porque están menos endeudadas de lo que estaban entonces y, además, los tipos de interés están más bajos», reitera, en línea con lo expresado por los demás entrevistados.
Riera recuerda que sólo se logró poner fin a la recesión de hace ahora veinte años después de el Gobierno hiciera tres devaluaciones seguidas de la peseta, en 1993, que permitieron al marco alemán y a la libra esterlina mejorar su posición respecto a la moneda española.
Ahora, en su opinión, el final de la actual crisis «vendrá cuando mejore la situación económica de nuestros países emisores, sobre todo Gran Bretaña, Alemania y España», que según los análisis macroeconómicos empiezan a vislumbrar la luz al final del túnel.
Todos los entrevistados recuerdan el carácter «cíclico» de la economía y, consiguientemente, el carácter periódico y pendular de crisis como la actual. «Al menos, de cada crisis podemos sacar enseñanzas, y en la de ahora existe más profesionalidad y más preparación», afirma Joan Serra Mayans.
Confianza en el futuro
Joan Carles Cirer opina que la mayor parte de los empresarios son optimistas ante un final de la crisis más o menos rápido, aunque no lo confiesen públicamente.
Sin oleada de subastas
A diferencia de 1990, las páginas de la prensa local no aparecen llenas de anuncios de subastas y embargos, como sí sucedía en aquellos años.