PUNTA XARRACA | RAÚL SÁNCHEZ DE VEGA
El calor es sofocante desde primera hora de la mañana. Sin embargo, los voluntarios de Protección Civil y el resto de trabajadores de los servicios de emergencia siguen luchando para controlar definitivamente el incendio que ha quemado 20 hectáreas de masa forestal en Punta Xarraca. A las ocho y media de la mañana se produce el relevo. Un bocadillo, un poco de agua y a descansar. Llegan más compañeros y continúa el trabajo. El alcade de Sant Joan, Antoni Marí, Carraca, ha permanecido toda la noche tratando de ayudar. Ayer por la mañana también se interesaron por la evolución del incendio, entre otros, el senador Pere Torres, Casetes, y el conseller de Medio Ambiente, Albert Prats.
«Queremos llamar a la ciudadanía a que tenga la máxima prudencia», explica el conseller, que recuerda que Ibiza está en alerta por incendios forestales y que la isla es proclive a ser pasto de las llamas debido a sus características orográficas. Al Consell le preocupa la pérdida de masa forestal en la zona y el impacto sobre las condiciones medioambientales. Prats aprovecha la ocasión para pedir más apoyo a los ayuntamientos de la isla en la lucha contra el fuego y recuerda que el parque de bomberos está sufragado exclusivamente por el Consell Insular. «Aunque habrá que dirimir las causas, parece que el incendio ha tenido que ver con una grave imprudencia», apostilla el conseller.
«De fortuito no tiene nada, ha sido intencionado», comentan Vicente Torres y Juliette Planells, que observan con la ropa y parte del cuerpo tiznado de negro debido al incendio cómo los helicópteros de la conselleria de Medio Ambiente se abastecen de agua en la balsa de riego de los padres del primero, en la finca de Can Rayet de sa Plana. «Mis suegros no se enteraron del incendio, se lo dijimos nosotros cuando llegamos», explica Planells, aunque a duras penas se le escucha debido al fuerte ruido que procede de las hélices de los helicópteros que cogen agua continuamente en la balsa situada a apenas cinco metros de la casa.
«Illa d´en Calders se quemó hace unos 25 años», recuerda Torres, mientras ayuda a los operarios a descargar los camiones cisterna en su balsa, ya que los helicópteros han agotado el suministro procedente del pozo. «Mi cuñado fue el segundo que llamó», explica este ibicenco, cuya familia también se ha volcado en las labores de extinción del fuego.
«Han desalojado varias casas de los alrededores, a nosotros no nos ha tocado por poco», añade Planells, mientras bromea con los periodistas porque no les han avisado de que iban a hacer fotografías. «Hay gente que pasa los fines de semana durmiendo entre las matas», añade esta mujer, que dice haber visto al menos a 32 vehículos trabajando en la extinción del incendio. «El viento llevó el fuego hacia el mar», añade su marido. Ambos han pasado una noche dura, con miedo y tensión.
El calor es muy intenso al mediodía de ayer y la circulación de vehículos no parece la de una zona rural. Bomberos, Ibanat, Dirección General de Emergencias y voluntarios de Protección Civil se mezclan con los particulares y con los periodistas que se han acercado a cubrir el suceso.
«No hemos dormido en toda la noche», explica Maria Torres Marí, una ibicenca que veranea desde hace 30 años con su marido en Punta Xarraca. «La zona que más se ha quemado es sa Punta des Xarracó», explica, mientras observa cómo un grupo de trabajadores del Ibanat recupera fuerzas justo al lado de su casa. Las caras negras y la fatiga se aprecian claramente en el semblante de los trabajadores de la conselleria de Medio Ambiente. «Soplaba mucho el viento», añade Torres.
Los curiosos se agolpan en el mirador de Cala Xarraca. Al menos 20 personas, entre ellas un grupo de moteros, observan el continuo ir y venir de los helicópteros y de los aviones. La mayoría de los objetivos de las cámaras se dirigen hacia el Canadair, el hidroavión que reposta agua en el mar en una arriesgada maniobra y la descarga una y otra vez sobre Punta Xarraca.
Por la tarde el viento vuelve a soplar pero la conselleria da por finalizado el incendio a las 18,30 horas y sólo un retén queda en tierra como medida de prevención.