IBIZA | ANDREA CEMBRERO
El pasado mes de enero los propietarios del terreno de ses Feixes, utilizado como uno de los aparcamientos más frecuentados del centro de la ciudad de Ibiza, decidieron cerrarlo al no llegar a un acuerdo con el Ayuntamiento. En su lugar, el Consistorio acordó la creación de nuevos aparcamientos disuasorios en las afueras de Vila aparte de los que ya existían. En total suman 2.400 plazas distribuidas entre el aparcamiento de los Multicines (800 plazas), Cas Dominguets (800 plazas), es Gorg (400 plazas), GESA (250 plazas) y por último las piscinas de Can Misses (170 plazas).
Además de estos, se esperaba también, para el pasado mes de junio, la habilitación de un parking subterráneo en la nueva estación de autobuses de la ciudad (Cetis), que sumaría 700 plazas más, aunque este todavía hoy no se encuentra en funcionamiento, como tampoco lo está el aparcamiento de es Gorg, donde se realizan obras de acondicionamiento .
La creación de los nuevos parkings debería suponer 2.000 nuevas plazas para una ciudad donde la dificultad de aparcar se ha convertido en un problema crónico. Además de garantizar el aparcamiento, los parkings disuasorios pretenden descongestionar las entradas a la ciudad, entre ellas la de la carretera de Santa Eulària, caracterizada por largos embotellamientos y colas interminables.
A día de hoy, los parkings que están en servicio suponen para muchos de los conductores un alivio además de ofrecer seguridad a la hora de aparcar y dejar el coche, gracias a la presencia de un vigilante.
A pesar de ello, algunos ciudadanos se siguen quejando. Juan Carlos García trabaja en una de las calles perpendiculares a Vara de Rey, pero vive en Sant Jordi y es uno de los muchos conductores que se ven obligados a realizar «una peregrinación» diaria en busca de aparcamiento. «Hay que salir con tiempo y tomárselo con paciencia», explica este conductor que, después de años al volante, ya sabe cuál es su única alternativa. Sobre la posibilidad de recurrir al autobús para llegar a Vila, Juan Carlos se echa a reír y deja correr entre sus palabras un «ya sabemos cómo funcionan…», que muestra su desconfianza en el transporte público.
Cristina Torres vive en Jesús pero baja casi a diario a Vila, donde pasa la mayor parte del día. Desde que los propietarios cerraron las parcelas que servían como aparcamientos disuasorios en la zona de ses Feixes, Cristina se ve obligada a dejar el coche en el parking situado frente a la central de GESA, uno de los más frecuentados ahora por quienes necesitan dejar sus vehículos durante bastante tiempo. Cristina se muestra indignada: «Me parece vergonzoso tener que dejar el coche tan lejos», explica. Sobre el nuevo servicio de autobús gratuito que conecta los aparcamientos disuasorios de las afueras con el centro de la ciudad, Cristina cree que es una buena idea, pero que le supone una gran pérdida de tiempo que no está dispuesta a asumir en su actividad diaria.
Al contrario que Cristina, muchas otras personas ya usan los nuevos aparcamientos disuasorios haciendo uso de ellos a diario. Así lo cuenta Daniel Martín, conductor de uno de los autobuses gratuitos que enlazan los nuevos aparcamientos con el centro de la ciudad. «Los autobuses se llenan, sobre todo al anochecer, cuando los conductores regresan a sus vehículos. En lo que llevo de jornada han pasado por el autobús unas veintinueve personas», afirma Daniel, cuando aún son las nueve de la noche. Desde la puesta en marcha de este servicio de transporte no ha experimentado ningún problema: los autobuses cumplen los horarios (cada 15 o 20 minutos) y no ha ocurrido ningún incidente. De lo único que se lamenta David es de la poca señalización de la parada del paseo de Vara de Rey, que normalmente está ocupada por vehículos particulares, impidiendo a los autobuses estacionar.
En el barrio de ses Figueretes algunos vecinos se movilizaron al comenzar unos trabajos de arbolado, ya que suprimían plazas de aparcamiento. María, residente en la barriada y buscadora habitual de algún lugar donde aparcar su Peugeot cada tarde cuando sale del trabajo, admite que los árboles contribuyen al embellecimiento de la zona, pero subraya que «no se puede empezar la casa por el tejado». María cuenta que a veces pasa horas intentando encontrar aparcamiento y que su única táctica, aunque no infalible, es rezar.
Ante esta demanda, los precios de las plazas de aparcamiento se duplican y hay arrendatarios que para hacer negocio a su vez las subarriendan a precios abusivos.
En un entorno como el de Vila en el que las bicicletas no tienen ningún carril habilitado para ellas y los ciudadanos como Juan Carlos se quejan del servicio de autobús, el coche se convierte en el único medio de transporte para largas distancias.