IBIZA | E. RODRÍGUEZ
El proyecto de ampliación de la carretera de Sant Joan prevé la instalación de un carril para bicicletas de 15,4 kilómetros que transcurre, en la mayor parte de su trazado, paralelo a la vía, aunque se desvía en seis ocasiones del tronco principal para evitar la demolición de viviendas. En total, 6,8 kilómetros del carril bici (poco menos de la mitad) transcurre por caminos existentes (5,9 kilómetros) o de nueva creación (casi un kilómetro). Este vial exclusivo para bicicletas tendrá una anchura de 2,5 metros y, según el conseller insular de Movilidad y Medio Ambiente, Albert Prats, no se van a asfaltar los tramos de los caminos existentes que no lo estén.
El pleno del Consell del pasado viernes aprobó el proyecto de esta carretera, que ya se encuentra en periodo de exposición pública y recogida de alegaciones. Los planos y la memoria de las obras se pueden consultar en la página web de la institución. No obstante, Prats resaltó que en el Consell se atenderán y resolverán las dudas de cualquier afectado, al tiempo que señaló que celebrará reuniones con los vecinos para explicarles en persona los detalles del proyecto. Precisamente, el conseller del PP Vicent Serra reprochó a Prats en el pleno del viernes de que no se hubiera reunido antes con los afectados. «No se puede diseñar una carretera atendiendo las opiniones de 60 familias. Es imposible», justificó por su parte el conseller de Movilidad, quien apuntó que sí que había consensuado la obra, fundamentalmente el trazado del carril para bicicletas, con el alcalde de Sant Joan, Antoni Marí, Carraca. Prats también dejó claro en el pleno que el Consell se encargará del mantenimiento del vial para bicicletas a pesar de que se utilicen caminos de competencia municipal.
La carretera, que arranca en la rotonda de los Cazadores hasta Sant Joan, tiene una longitud de 12,9 kilómetros. La calzada tendrá nueve metros: medio metro más por carril y un metro de arcén en cada lado. El carril para bicicletas, de 2,5 meros de ancho, estará separado del tronco de la carretera por una valla de hierro forrada de madera. El modelo de carretera es el mismo que el de la vía de Sant Miquel, aunque en este caso el vial exclusivo para bicicletas se desvía por caminos rurales para evitar expropiar viviendas.
El proyecto también prevé la construcción de cinco rotondas para reducir las intersecciones y la reducción de la sinuosidad de alguna curva, como la de Cas Coroner, que tiene un radio de curvatura de 60 metros, lo que obligará a modificar el trazado del torrente de Sant Joan, la parte más costosa técnicamente de la obra.
El Consell también incorpora 22 paradas de autobús a lo largo del trazado de la carretera, además de soterrar las líneas de electricidad y teléfono. Para garantizar el correcto funcionamiento y permeabilización de la carretera, los técnicos han proyectado un total de 24 obras de drenaje transversal, algunas de ellas de nueva implantación, consistentes en tubos de hormigón de hasta 1,8 metros de diámetro y otras en la ampliación de las vías de evacuación de aguas existentes mediante marcos de hormigón.
La obra está presupuestada en 20 millones de euros, de los cuales 2,1 millones de euros se destinarán al pago de las expropiaciones (casi 190.000 metros cuadrados de terreno). El proyecto, que se ejecutará en un plazo de 14 meses, según el proyecto, se financia con el nuevo convenio estatal de carreteras, al igual que la reforma de la carretera de Sant Miquel.