SANT ANTONI / MARÍA HERNÁNDEZ
El patchwork es una artesanía tradicional que consiste en la confección de una pieza de tela a partir de retales más pequeños, combinándolos por colores y agregando bordados con el objeto de crear un diseño sobre una superficie. Con esta técnica se suelen hacer manteles, colchas, muñecos, tapices decorativos, «todo lo que te puedas imaginar», agrega Ángeles García, profesora de patchwork. Esta ibicenca presume de que ha hecho de su hobby «su forma de vida» y por este motivo se siente una afortunada: «Trabajo en lo que realmente me apasiona, que es coser y hacer con trocitos de tela verdaderas obras de arte».
Ángeles tiene una tienda en Sant Antoni, en la calle Antoni Riquer, cerca de la antigua oficina de Correos, donde imparte clases a mujeres de «todas las edades y de todas las nacionalidades», asegura. Además, destaca que para asistir a sus clases no es necesario que guste coser, simplemente hay que tener ganas de buscar un entretenimiento y conocer gente. Desde su taller, Ángeles anima a todas las personas que lo deseen a participar en esta actividad que «es una filosofía de vida, es muy adictiva y cuando empiezas no puedes parar, las clases tienen un ambiente excelente y se hacen verdaderas amistades; además organizamos viajes, cenas y celebramos los cumpleaños juntas».
La técnica
El tapiz de patchwork se comienza a realizar partiendo de una idea principal o un tema concreto que servirá para inspirar la imagen de la tela y una vez ideado el dibujo se sacan los patrones. Este es el momento más importante de todo el proceso, porque un tapiz tiene aproximadamente 900 trozos de tela y un error milimétrico hace que se modifique todo el trabajo varios centímetros, y las piezas ya no encajarían. Los patrones deben estar perfectos, a partir de ahí se cosen y se juntan todas las piezas y finalmente se acolcha el tapiz. Se puede coser a máquina o a mano. Lo ideal, según Ángeles, es hacerlo a mano, pero lo normal es combinar ambas técnicas para que el trabajo no se haga «demasiado pesado».
Para practicar el patchwork no es necesario tener grandes conocimientos de costura, pero sí es imprescindible tener mucho tiempo de dedicación a esta labor. Ángeles destaca que «un tapiz requiere mucho trabajo, si quieres hacerlo íntegramente a mano, te llevará varios meses y si lo haces a máquina, en mes y medio estará listo». De esta forma, se convierte en enorme el valor económico que alcanzan las piezas, por lo que no se comercializan: «Nadie está dispuesto a pagar el precio que tienen estas pequeñas obras de arte», señala la ibicenca. «En las clases hacemos tapices que regalamos a nuestros familiares o los utilizamos para decorar nuestras casas pero los diseños que hacemos entre varias personas los presentamos a concursos y después celebramos exposiciones donde los exhibimos y posteriormente hacemos un sorteo. Los fondos recaudados se los entregamos a una fundación. Este año conseguimos 6.000 euros y se lo donamos a los niños discapacitados», agrega.
Ángeles confiesa que es una «enamorada del patchwork. De no ser así, sería imposible estar dieciséis horas cosiendo y pensando en nuevas piezas».
La profesora ibicenca hace varios viajes al año para acudir a exposiciones y reuniones en las que se tratan nuevas técnicas de esta actividad que se renueva continuamente. El mes pasado hizo dos viajes y el mes que viene tiene programado otro.