EIVISSA | JOAN LLUÍS FERRER
El pleno del Ayuntamiento de Eivissa aprobó ayer nuevamente –con el voto en contra del PP– el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) del municipio, después de haber hecho los cambios requeridos por varias administraciones, y su aprobación definitiva está ya sólo pendiente del visto bueno de la Comisión Insular de Urbanismo y Patrimonio (Ciotupha), dependiente del Consell.
El debate sobre este asunto reprodujo las argumentaciones usadas por los dos grupos políticos del Consistorio en anteriores plenos y que, por parte del PP, se centran básicamente en que el documento aprobado ayer «no tiene ya nada que ver» con la primera versión que recibió la luz verde municipal en abril de 2003. Desde entonces hasta ahora, añadió la portavoz conservadora, Virtudes Marí, «se ha ido incrementando la edificabilidad, se han recortado zonas verdes y han ido apareciendo nuevas áreas de actuación urbana». Por el camino ha quedado «aquél modelo de ciudad del PGOU diseñado en 2003 que ilusionó a mucha gente y que les hizo ganar las elecciones», aseguró Marí. «Al final hemos vuelto al plan de 1987; para este viaje no hacían falta tantas alforjas», sentenció.
La portavoz del PP afirmó que la aprobación de ayer se realiza, sin embargo, faltando importantes documentos, entre ellos una Evaluación de Impacto Ambiental Estratégica que debe aprobar la Comisión Balear de Medio Ambiente y sin los necesarios informes de Intervención que avalen las operaciones económicas que se derivarán del nuevo Plan General.
El concejal de Urbanismo, Vicent Torres, negó que sea necesario el estudio ambiental citado por Marí, entablándose por esta razón una discusión entre ambos a partir de interpretaciones distintas de lo que establece la ley. En todo caso, el PP recordó que los informes ambientales que acompañan el PGOU de Vila «están desfasados» y siguen refiriéndose «a otro plan que no es este», pues algunos de sus datos son de 1997.
Torres reprochó al PP su deseo de «azuzar» de este modo a la Comisión Balear de Medio Ambiente para que se pronuncie en contra del nuevo plan urbanístico de Vila, «lo que todavía retrasaría aún más su entrada en vigor», advirtió.
Torres, en un momento determinado, provocó la hilaridad de las filas de la oposición cuando admitió sin reparos que la primera versión del PGOU, de 2003, «tenía unas previsiones muy ilusionantes, pero, siendo rigurosos, no eran viables».
Ses Feixes
Con relación a ses Feixes, recriminó a Virtudes Marí lo que consideró una postura ambigua, puesto que «tan pronto piden que negociemos con los propietarios para poder construir como piden todo lo contrario». El PP había lamentado que en el caso de ses Feixes des Prat de Vila éstas figuren como suelo rústico y Área de Transición, es decir, que en el futuro puede convertirse en suelo urbanizable.
En la última versión del Plan General, surgida de la redacción definitiva, «aparecen dos nuevas unidades de actuación, la de sa Penya y la de Cas Ferró», dijo Marí. En el primer caso se expropian infraviviendas para recuperar esta zona degradada y en el segundo se «convierte en zona industrial lo que era una zona verde». El equipo de gobierno justificó este último cambio afirmando que «es un suelo muerto detrás de un área industrial ya existente» y que, además, queda partida por un nuevo vial.
Apareció también en el debate la reestructuración del puerto de Eivissa. Cuando Marí recordó que también hace seis años se contemplaba un conjunto de actuaciones portuarias por parte del Ayuntamiento, Vicente Torres indicó: «No tenemos facultad para decidir lo que se ha de hacer en el puerto».
Tanto PP como PSOE-ExC aseguraron que «todo el mundo quiere que se apruebe de una vez el Plan General de Vila.