PUIG D´EN VALLS | MARTA TORRES
Son casi las doce del mediodía y a pesar del calor Darío y Miguel cavan sin parar. Riegan tomates y desplantan las últimas escarolas que quedan en el huerto del colegio Puig d´en Valls ante la atenta mirada de Eva, una de las profesoras. Hay que vender las verduras y hortalizas y apenas quedan un par de horas de la fiesta del medio ambiente y la convivencia. Una bolsa por un euro. Y todo para ayudar a los niños de Mozambique con los que trabaja la asociación Dignidad del Fons Pitiús de Cooperació.
Esperaban poder vender la producción que con tanto esmero han cuidado a lo largo del curso, pero unos vándalos les destrozaron el huerto, así que para el pequeño mercado de ayer tuvieron que pedir ayuda a cinco fincas ecológicas de la isla. «Nos han ayudado mucho», comenta Edu Sánchez, profesora, pasando las páginas de los tres ´Diari de l´hort´ que los alumnos han ido elaborando desde el primer día de clase. El olor de los ajos tiernos recién arrancados inunda el patio.
A su lado, Marilina y Sandra, dos madres, trabajan sin descanso pintando las caras de los alumnos. Flores, gatos y muchos escudos del Barça. «También del Madrid y del Valencia, pero ya no hay más», apuntan. Y es que han pintado tantos que se han quedado sin pintura de lápiz. «Y con el pincel no se pueden hacer tantos detalles», aseguran.
Algunos de los que lucen en la cara los colores de su equipo son en estos momentos tortugas, sargantanes o pájaros. Están participando en la gincana organizada por Amics de la Terra. Esperança y Juanjo les ponen las pegatinas de sus equipos, elegidos al azar, antes de entregarles la bolsita en la que se esconden las pruebas que deben superar. Todas se centran en encontrar el ecosistema ideal del animal que representan. Al acabar, escriben sus deseos fáunicos en unas tarjetas de colores que cuelgan de unos globos con sus nombres. «Que no tiren plásticos al mar porque las tortugas se los comen», «que no ensucien el aire» y «que no malgasten el agua», piden.
Este último comentario se repite bajo la carpa del Fons Pitiús de Cooperació, donde Rita vuelca pintura en viejos recipientes de helado. La monitora les anima a pintar sobre una sábana lo que les inspiren las fotos de la escuela de Marcaçao, en Mozambique, a la que destinarán lo que se recaude durante la mañana. Muchas gotas de agua, corazones y mensajes llenan hasta el más pequeño resquicio del lienzo, que cuando esté acabado pondrán a secar junto al que han pintado los de Infantil.
Desde el bosquecillo en el que se celebra la gincana llega un grito: «¿Que habéis ganado las tortugas? ¡Pero si dicen que sois muy lentas!».
En el patio, algunos profesores intentan juntar a sus alumnos. Los padres empiezan a llegar para el gran momento: la entrega de los premios de convivencia. «Se entregarán 255 medallas y 160 diplomas. No está mal teniendo en cuenta que tenemos 429 alumnos», reflexiona Edu mirando las pompas de jabón que salen de aros gigantes, embudos, coladores y hasta espumaderas que sujetan los niños en el taller más refrescante de la mañana.