primera promoción.
EIVISSA | RAQUEL SÁNCHEZ
Convertirse en comadrona cuesta mucho. Primero hay que estudiar la diplomatura de Enfermería durante tres años, y después hay que pasar un duro examen de selección que se lleva a cabo en toda España y que permite acceder a la especialización en obstetricia y ginecología.
Cuando Zara, Zoila y Cristina se examinaron había cerca de 9.000 aspirantes, pero sólo 350 plazas. Consiguieron aprobar y escogieron realizar su formación en el hospital Can Misses, donde se acababan de crear tres plazas a través de la Unidad Docente de Matronas de la UIB. Su directora, Pilar Ferrer de Sant Jordi, asegura que esta unidad «tiene fama de ser buena». Este año han salido de ella quince matronas y, desde que empezó a funcionar en 2002, son ya 60 las profesionales formadas.
Durante dos años, las enfermeras internas residentes realizan prácticas tres semanas al mes en el hospital que les corresponde y dedican la última semana a las clases teóricas, que se imparten en Palma. En el caso de las tres matronas de Eivissa, el hospital asume el coste de los viajes y las estancias en Mallorca para que la insularidad no frene su formación.
Pero, ¿qué hacen las matronas? Sus competencias se han ampliado mucho en los últimos años. Su trabajo va más allá del área de partos y llega hasta las consultas de planificación, la atención a las mujeres durante el puerperio, el acompañamiento en el caso de embarazos de alto riesgo en los que la madre debe permanecer ingresada, la educación mediante charlas en los colegios, etc. Para eso están preparadas al concluir su preparación teórica, aunque en algunos lugares, como Eivissa, la falta de personal hace que sus tareas se reduzcan al ámbito tradicional.
Ferrer de Sant Jordi señala que el paso de la Formación Profesional a la diplomatura en Enfermería dejó al sistema sanitario español sin una generación de matronas, algo que en el caso de Balears trajo como consecuencia una «precariedad» de profesionales. «En estos últimos años, las matronas han empezado a jubilarse, y no había repuesto por ese período de 10 años sin promociones». Para subsanar esta situación se creó la Unidad Docente de Matronas y en 2007 la dirección del hospital de Eivissa se mostró interesada en formar parte de este programa. «Vio que era bueno tener a gente joven, querían residentes matronas y hacen el esfuerzo de pagar sus desplazamientos, algo digno de encomio porque es apostar por el futuro», señala la directora de esta unidad.
Acaba de graduarse la primera promoción de matronas formadas en Eivissa y hay seis residentes más formándose (tres en primer curso y tres en segundo). Tienen como profesores a matronas, ginecólogos y especialistas en enfermería pediátrica con los que realizan desde talleres de sutura hasta asignaturas sobre relaciones humanas para aprender a dirigirse a las pacientes.
Zara Beunza lo hace con más cariño que autoridad. «No me gusta que piensen que soy quien dirige el parto, sino una persona de confianza. El parto es de la mujer, yo no estoy ahí para castigar ni para ser la madre de nadie».
Tiene 24 años y es de Zaragoza. Mientras cursaba la diplomatura descubrió que se sentía especialmente a gusto con la asignatura de materno-infantil y se decidió a convertirse en comadrona. Ha decidido quedarse en la isla porque está a gusto, ya conoce el hospital y lo considera un buen lugar para hacer su rodaje como matrona.
Ahora está muy integrada en la sociedad isleña, al igual que sus compañeras, pero los inicios no fueron fáciles. El primer año de especialización fue duro, al personal del hospital le costó adaptarse a ellas. Nadie había avisado de su llegada y las trataban con cierto recelo.
Las tres matronas hicieron piña y formaron su propia familia (ya que ninguna tenía parientes ni amigos en la isla) y una amplia red social. Cristina Jorge es de Bilbao, pero trabajaba como enfermera en Palma antes de llegar a Can Misses. Tiene 27 años y llevaba seis trabajando e incluso formando a alumnos de enfermería y, de repente, se encontró a sí misma convertida en residente. Asegura que fue duro. «Me encantaba ser enfermera, pero luego vas conociendo la especialidad y te das cuenta de que aquí ya no convives con la muerte y la desgracia. Es justo lo contrario, trabajas con la vida y es un trabajo agradable», explica.
Recuerda cómo fue enfrentarse al duro examen de selección para acceder a la especialización: «Sabía que era complicado y por eso no lo había intentado antes. Tengo amigas que después de cinco años preparándose no lo consiguieron». Ella se había preparado a fondo otra oposición y mató dos pájaros de un tiro. «No sabía muy bien dónde me había metido, pero la vida te va encaminando y resulta que esto es lo que yo quería», resume.
Entre las 350 enfermeras que aprobaron ese año no había ninguna ibicenca. Hay muchas que quieren convertirse en comadronas, pero pasar ese examen es muy difícil.
La tercera integrante de la promoción es Zoila Manso, de 36 años y nacida en Burgos. Reconoce que se presentó para probar suerte y aprobó por casualidad. Escogió Eivissa por la proximidad a Mallorca, donde reside su madrina. «Pero no sabía lo que era la insularidad. Me ha costado mucho adaptarme y ha habido que pelear mucho para llegar donde estamos», explica antes de añadir que su profesión es «muy bonita» y que «traer niños al mundo supone una alegría».
Zoila asegura que entiende lo importante que es el momento del parto para cada madre, pero también comprende que las matronas soportan con frecuencia sobrecarga laboral, largos turnos de noche, están saturadas… y la comunicación entre ambas partes no es siempre todo lo fluida que debiera. «Hay veces en las que tienes seis mujeres pariendo al mismo tiempo. Ha habido días de 13 partos y otros de ninguno. Eivissa parece una isla pequeña, pero tiene una población muy joven, hay mucha inmigración y muchos nacimientos», señala.
Esta nueva generación aporta también una nueva forma de trabajar y de entender la atención a la mujer. «Descartamos creencias como que no hay que dejar a la parturienta beber agua, nuestra formación se basa en la evidencia científica. La ciencia avanza, tienes que ir adaptándote y nosotras tenemos la mente muy abierta», explica Cristina. Aun así, los obstáculos para llevar a la práctica las técnicas aprendidas durante su formación son muchos. En Can Misses es imposible que las mujeres den a luz en ciertas posturas porque se carece de la infraestructura necesaria. Las camas no están preparadas para que haya partos en las habitaciones, algo que, cuentan, cambiará en el nuevo hospital para aproximarse a las nuevas tendencias. «Pero para poder trabajar en esa línea es necesario mucho más personal. Para vigilar un parto sin tener que monitorizar se necesita que haya una matrona por cada mujer y ahora estamos a años luz de eso», explican.
Isabel Zaldívar, jefa de Enfermería de Can Misses, asegura que con la incorporación de estas jóvenes matronas la plantilla del hospital, en esta materia, queda cubierta. Con las recién diplomadas son nueve las matronas que prestan servicio en este hospital. Sin embargo, ya hay nuevas promociones en formación. Seguirán siendo necesarias porque hay que cubrir bajas, vacaciones y «debe haber un remanente». «También se necesitan matronas en los centros de atención primaria y el número de especialistas necesarias depende de la cantidad de mujeres que hay que atender, que son muchas, porque las matronas se encargan de todas las que tienen entre 14 y 64 años, desde la pubertad al climaterio», afirma Zaldívar. Además, la demanda de comadronas es muy grande en todo el país y es frecuente que éstas cambien de destino, por lo que conviene crear una bolsa. Este año varias sanitarias ibicencas se han presentado a los exámenes para convertirse en Enfermeras Internas Residentes (EIR), pero aprobar esta prueba es complicado.
Para conseguir tener su propia unidad docente de matronas, Eivissa debía poseer un requisito imprescindible: registrar 1.200 partos anuales, que permiten la creación de tres plazas por curso. Otros hospitales, como el de Inca o el de Menorca, todavía no han conseguido acreditar estas unidades formativas.
«Cuando empezamos sentíamos que no éramos nadie, ahora somos matronas y tenemos que agradecerlo a nuestras familias y a todos los que nos han apoyado y han contribuido a nuestra formación», concluyen.