EIVISSA | JAVIER ORTEGA FIGUEIRAL
Todo esto debía de sonar muy lejano cuando el barco que hoy visita la isla salió a la mar por primera vez en el año 1960 desde el astillero sueco de Oskarshamm para ser entregado a una compañía de navegación sueca llamada Bore, de ahí su primer nombre, ´S/S Bore´. Su misión fue relevar a viejos vapores que realizaban viajes de cabotaje entre diferentes puertos de la costa sueca, una serie de rutas con salida y llegada en Estocolmo, una etapa que duró cerca de veinte años en los que el propietario original acabó vendiendo su único buque a Silja Line, una de las operadoras de ferries más importantes de la región.
Aunque tenía una capacidad de carga notable para su tamaño, la competencia de los buques modernos, a los que los vehículos y mercancías subían directamente a bordo mediante rampas, mermó claramente su competitividad en las líneas regulares de alta densidad y se puso en venta. En 1979 lo adquirió un empresario finés que volvió a activarlo como puente marítimo entre ciudades de segundo y tercer nivel en su país, con poco éxito, por lo que quedó durante un tiempo apartado en un puerto, un periodo al que le siguió un curioso destino: ser una residencia flotante en un puerto argelino. Finalmente, y tras varios en los que el buque no tuvo éxito, éste acabó vendiéndose a su actual propietario en 1987. Su primera acción con el ´Kristina Regina´ fue cambiar sus viejos motores de vapor por otros alimentados por combustible diésel. Tras esa adaptación, se remozaron los espacios interiores para que el espacio que hasta poco tiempo antes servía para servicios regulares se pudiera utilizar para efectuar cruceros. Ante la petición de algunos clientes, que reclamaban algo más de confort e instalaciones, el barco estuvo parado durante un semestre para construir nuevos camarotes, reconvertir la bodega de coches en un amplio salón e instalar una tienda y la típica sauna nórdica.
Durante los últimos años del pasado siglo los propietarios del ´Kristina Regina´ aprovechaban las paradas anuales obligatorias de su barco para someterle a nuevas modificaciones, como la adición de suites, la creación de una cómoda sala de estar-mirador, un pequeño gimnasio y una zona de mapas, donde los pasajeros van siguiendo la localización del buque durante sus travesías. Gracias a su reducido tamaño –su eslora no alcanza los 100 metros– y su capacidad que nunca supera los 230 pasajeros, el buque se especializó en realizar viajes a la carta visitando lugares poco frecuentes, lo que gusta a sus clientes más fieles, que buscan viajar al estilo de ´los viejos tiempos´ y en un buque con un servicio personalizado donde, como curiosidad, se han instalado cinco camarotes diseñados para personas con alergias con una decoración y lencería especial. Otra peculiaridad es la existencia de dos restaurantes a bordo con cocinas muy diferentes a pesar de la reducida capacidad de pasaje del buque.
Sus dos chimeneas y su peculiar línea anticuada aparecerán al amanecer por la costa nordeste –ayer por la noche zarpó de Barcelona– y a las ocho de la mañana quedará amarrado en el muelle Duques de Alba del puerto de Vila. A bordo viajan unos 200 pasajeros que iniciaron su viaje en Niza el pasado fin de semana. Tras su paso por Marsella y la capital catalana estarán en Eivissa hasta las cinco de la tarde de hoy, para seguir viaje hacia diferentes puertos en Andalucía, Ceuta, Portugal, Galicia, Francia, Bélgica, Holanda y Alemania para llegar a Helsinki, Finlandia, el próximo día 28.