POR JOSÉ MANUEL PIÑA
Yolanda, Emilio, María José, otra Yolanda, Derena y Juan Carlos se afanaban ayer bajo un poderoso sol en el montaje de su puesto en la Feria Medieval, que se inaugura esta mañana en el casco antiguo de la ciudad. «Todo lo que hacemos está dedicado a los niños, con muchos juegos», explicaba la mayor de las ´Yolandas´ mientras coloca algunos de ellos sobre las mesas dispuestas junto a es Polvorí. Toda la familia procede de Torrevieja (Alicante) y lleva diez años viniendo a Eivissa con motivo de este encuentro de artistas, artesanos, feriantes y ciudadanos. Sólo en lo más alto de Dalt Vila parecen intensificarse los trabajos de adecuación del entorno al objetivo de estas tres jornadas con las que Eivissa conmemorará el décimo aniversario de su declaración de Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco. «Venimos con muchas ganas», asegura alegremente la feriante.
En la parte baja de la ciudad, en la plaza de sa Font, seis operarios se afanan por colgar el cartel en el que se anuncia ´Eivissa Medieval´, colocando tornillos y puntos de agarre en el soporte de madera, al estilo de las antiguas posadas. Sólo las banderolas multicolores colgadas de las fachadas de ambos lados de la calle de las Farmacias permiten al visitante de Vila intuir que algo distinto al resto del año está sucediendo. La impresión se acrecienta cuando en la cuesta del Rastrillo, antes de llegar al Portal de ses Taules, unos bailarines ensayan una danza medieval al ritmo de unos zumbones violines y demás instrumentos de cuerda. El fuerte calor que azota la zona obliga a los artistas a despojarse de las camisetas y su deportivo atuendo, muy de turista del siglo XXI, contrasta con la solemnidad de la danza y con la severidad con que la dirige el coreógrafo.
Ni en el Portal de ses Taules ni en la Plaça de Vila se apreciaba por la mañana signo alguno de celebración o de vísperas de ella. Los comerciantes de la zona desperezaban sus negocios, indiferentes al terremoto humano que desde hoy hasta el domingo les invadirá. Samir y sus amigos, en cambio, se afanan en la zona de sa Carrossa por dejar listo cuanto antes su puesto, que se llama ´Pulpalía´. «Vendemos pulpo, jamón, costilla de cerdo y chorizo blanco y rojo», informa, aunque previene de que su español no es todavía muy bueno. «Podemos seguir hablando en árabe», bromea. Probablemente quedaban ya pocos árabes en la Eivissa medieval cuya existencia se celebra este fin de semana. Junto a Samir, un enorme camión anuncia:?´Repite la historia con nosotros. Ropa, armaduras, y complementos medievales y romanos´.
En la plaza del Ayuntamiento, Jordi suda portando carretillas y carretillas cargadas con sacos de carbón vegetal. Su empresa, con sede en Sant Antoni, suministra de este material al enorme asador de carne situado junto a Guillem de Montgrí. A pocos metros, una brigada de la escuela taller limpia escrupulosamente los indicadores que señalan a los visitantes en qué punto de Dalt Vila se encuentran. «Los gamberros nos dan trabajo», se queja Quica Cardona, responsable de esta actividad, mientras observa si las esculturas dedicadas a Isidor Macabich y Guillem de Montgrí permanecen en perfecto estado de revista. En las alturas municipales, el ruego de que la meteorología se mantenga estable y la feria pueda celebrarse sin incidencias climatológicas. Programa completo en eivissa.es.