EIVISSA | J. LL. F.
El delegado del Colegio de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria (API) de Eivissa y Formentera, Ramón Arnau, explicó que este colectivo, que actualmente tiene 30 colegiados, ha perdido «más de la mitad» de su actividad comercial y sus ventas.
Al igual que los aparejadores, los API de las Pitiüses consideran que «el problema no es que los API no vendamos, sino que el problema son los bancos», que no otorgan los créditos necesarios para mantener la actividad. «Hay clientes, lo que sucede es que los bancos no dan crédito», recalca.
En cuanto a los establecimientos de tipo inmobiliario que no tienen el título de API, como oficinas de gestión inmobiliaria y asesorías, la mayor parte de ellas han tenido que cerrar sus puertas.
De la treintena aproximada que existía hasta hace un año, dos terceras partes no han podido subsistir por falta de negocio, indica Ramón Arnau.
«Las API van aguantando porque son empresas que ya llevan muchos años funcionando y tienen una clientela y una solera. Las otras nacieron como muchos otros negocios, que cuando las cosas van bien aparecen como hongos», explica el representante de este colectivo en las Pitiüses.
Las franquicias, otra modalidad de este tipo de establecimientos, se dedican básicamente a los chalets y mansiones de lujo. De ellas hay tres en Eivissa y, según Arnau, sobrellevan bastante bien la crisis, pues su clientela suele ser bastante adinerada.