Se educó en la España en vías de desarrollo y en los años ochenta todavía era conocido por lo que se llamaba un `sablista´, pero con la entrada del capitalismo popular, la ingeniería financiera y la economía no real, ha pasado a ser una persona con iniciativa, mucho más respetada socialmente que un funcionario parásito que paga sus impuestos, un asalariado de contrato fijo o un joven en prácticas que no llega a mileurista. Le va como siempre, sólo que ahora trabaja a lo grande, no por las copas del fin de semana. Espoleado por la iniciativa de una economía abierta y un mundo de oportunidades, ha escrito una carta a José María Aznar, asesor del fondo británico Centaurus Capital, para proponerle unos fondos basados en la compra masiva de billetes de lotería, para la que necesita dinero, que devolverá con intereses altos... si le toca. Si no, el que avisa no es traidor, ya habrá advertido a los que busquen gran beneficio en poco tiempo que los fondos eran de capital riesgo.
Explica que con pedreas y reintegros puede ir ingresando intereses a la espera de un premio gordo. Asegura que tiene más posibilidades de que le toque la lotería de las que tenían los compradores de subprimes de que personas que confesaban no tener dinero para pagar hipotecas pudieran dar beneficios. Gastó todo en el supercuponazomilloneuro, no le tocó nada y se queja de que nadie le inyecte liquidez porque eso daña la credibilidad en el sistema. Su crisis afecta a su economía real -no puede pagar al carnicero, ni a Visa ni la hipoteca- y lamenta que el Banco Central Europeo no le atendiera bajando un cuartillo los tipos de interés, porque así habría ganado unos millones, ahorrando en su deuda a veinte años.