Siempre se dijo que en Ibiza no prosperaban las serpientes debido a unas supuestas virtudes de la tierra y a una supuesta protección del dios Bes. Pero los dioses han muerto, como dijo Nietzsche, incluso Nietzsche murió también, creo, y seguramente esta misma mañana muchos ibicencos no se encuentren muy bien de salud. Ah, el dios Bes, qué tipo tan entrañable, panzudo y feo, qué buen cazador de serpientes. Si hubiera algún museo arqueológico abierto en Ibiza, lo que desgraciadamente no es el caso, podríamos ir a visitar con devoción alguna de sus imágenes, ofrecerle incluso algún regalo. Siempre se podrá decir que las serpientes han proliferado en Ibiza precisamente cuando los museos arqueológicos han dejado de poder visitarse. Pero hay que ser muy susceptible para pensar que las serpientes que se están comiendo nuestras lagartijas lo hacen por una venganza del dios tripudo, ahora relegado a las vitrinas que nadie puede ver. Menos mal que, en lugar de un dios muy feo, tenemos ahora un Govern que, puestos a recortar lo que haga falta, redacta decretos para recortarles la cabeza a las serpientes forasteras. Del mito al logos, sí señor. La evolución era esto.