No existen indicios de que 2012 vaya a ser un ´año de bienes´ pero por lo menos ya ha nevado. Los refranes son enigmáticos y muchas veces caprichosos. A esta nieve que ha caído, y que ha servido, sobre todo, para que al menos durante unos días dejemos de pensar y hablar una y otra vez de la crisis y de los recortes, se la teme y se la celebra al mismo tiempo. Los noticiarios de televisión, por ejemplo, han entendido que asustar con el frío siberiano era más suave y amable que seguir aterrorizando con el paro y la reforma laboral. Y aún así, como parece imposible dehacerse completamente de este aire negro que se respira en España, hemos sido informados con detalle del Congreso del PSOE, que también causa pavor y no poca desesperanza. El frío siberiano ha estado a punto de hacerse el sueco en Eivissa, pero finalmente hemos vuelto a ver la nieve. Y nos gusta, porque un poco de nieve parece que solo puede simbolizar pureza, calma, bondad, inocencia. Es como una hoja en blanco sobre la que todavía parece posible escribir o dibujar un futuro sin miedo, un país que funcione, un mundo más justo.