Es lo que tiene ser delegado del Gobierno, que te ponen un helicóptero en un ´quítame allá ese vuelo regular´. Es censurable que en plena crisis se flete uno para que José María Rodríguez recorra los cielos baleares, huérfanos de aviones, pobrecitos, para algo tan trivial como la toma de posesión de un subordinado, aunque este sea el director insular de la Administración del Estado (todo un acierto la elección de Rafael García Vila, dicho sea de paso). Podría utilizarse, el aparato, digo, para que el familiar de algún enfermo pueda acompañarle en un traslado (eso se llama humanidad). Es un ejemplo. Pero para acceder a según qué privilegios antes hay que subir alguna que otra escalera del poder y los simples mortales estamos resignados a mirar alelados el primer peldaño de esa escalera, preguntándonos qué sentiría uno al disfrutar de un vuelo privado en caso de emergencia, qué gozada. Y hablando de García Vila (buena persona donde las haya), aunque concilia filias y apoyo de todos, su elección sin consultar a los órganos del PP ha colmado la paciencia de algunos en el partido. ¿Tan difícil es hacer las cosas bien cuando lo has ganado todo?