Algo falla: en teoría, el principal objetivo de la política económica, además de contentar a los mercados, consiste en cambiar el modelo de crecimiento, orientándolo hacia actividades de mayor valor añadido, para la cual es preciso conseguir mayor competitividad, lo que a su vez se logra mediante inversiones en I+D+i y en educación.
El capital humano es determinante en este aspecto. Esta evidencia casa mal con el recorte de 600 millones de euros en I+D+i y con el de 200 millones al CSIC. Rafael Rodrigo, presidente de esta institución, anuncia cierre de institutos científicos y una inminente fuga de cerebros de este país. Cayetano López, director del Ciemat, asegura por su parte que mejor sería cerrar la institución porque mantenerla sin actividad no tiene sentido.
Los recortes presupuestarios son siempre arduos y nunca dejan satisfecho a todo el mundo, como es natural, pero aunque resulte inevitable dejar víctimas en la cuneta, convendría aplicar criterios inteligibles de racionalidad. Porque no tiene sentido limitar aún más las escasas posibilidades que nos quedaban de enderezar el país, de volcarlo hacia un desarrollo más sostenible y creativo que el que nos ha traído hasta aquí.