Según Wikipedia, el origen de la corbata está en un atuendo del ejército croata, elevado a moda, cómo no, por los franceses. Pero, como en todo, su remoto origen nos llevará a la etología humana. El asunto está en el cuello, una frontera entre dos mundos, el del tronco y el de la cabeza, el del cuerpo y el de la mente. La corbata los une y los separa, realza esa frontera y evoca la que hay entre el cuerpo físico de la sociedad y la parte de ésta que lo dirige: un emblema en cierto modo estamental. Aunque la renuncia a la corbata de un ministro y algunos diputados es sólo una ironía, al alcance de quien no tiene que demostrar estatus, es cierto también que algunos sentimos la corbata como un nudo corredizo en el cuello, un recordatorio de cosas que oprimen: el destino final, el orden social, la presión moral. «Sentirse cómodo» casi nunca es sólo una cuestión física, aunque se sienta así.