Entre las cosas que me sorprendieron la primera vez que estuve en Ibiza fue con qué frecuencia aparecía repetido el nombre de la diosa púnica Tanit. Curiosidades de la historia, a pesar de que han pasado tantos siglos y tantas creencias diferentes por esta tierra, hay un recuerdo vivo, una especie de querencia de sus habitantes por la que, parece, fue la gran diosa protectora de la isla pitiusa. Todo el mundo habla de la cueva de es Culleram, el santuario en el que apareció una placa con su nombre y más de dos mil ofrendas con forma de estatuilla dedicadas a ella. Por todos lados encontramos reproducciones del precioso y sereno busto que de la deidad se guarda en el Museo Arqueológico.
Si nos fijamos, en ocasiones aparece portando una capa con plumas, esto nos hace recordar a la diosa egipcia Isis, ya que el manto como si fueran grandes alas es una de sus características. Otro detalle que nos puede llevar a relacionarlas es el parecido del símbolo de Tanit, un triángulo con un círculo arriba, con el ankh egipcio, con la cruz ansada, referencia a la vida futura, a lo que no tiene principio ni fin, a la eternidad del alma salida de los dioses. En algunos templos, los sacerdotes tumbaban a los alumnos en camas con esta forma para facilitar la iniciación. Isis la lleva en la mano, indicando el centro, la claridad.
Pero lo que me parece más interesante es que las dos diosas han aparecido representadas con el caduceo, la vara en la que se enroscan dos serpientes con unas alitas arriba, la imagen que encontramos en las farmacias, emblema de la medicina, de la curación en Occidente, es un símbolo universal, se utilizaba en Sumeria, en la antigua China, en la India brahamánica, en la Grecia de Platón, y ahora algunos quieren ver su parecido con el esquema del ADN, como si hubiéramos tenido ante los ojos un mensaje milenario y no lo quisiéramos ver. ¿Sabía algo la diosa sobre la molécula que forma parte de todas las células?