Es histórico, pero insólito. La prohibición de las corridas de toros por el Parlamento catalán a partir de enero de 2012 se ha presentado por lo partidarios de la fiesta como un ataque a la libertad de los ciudadanos, en concreto a la libertad de elegir si van o no a un espectáculo que es legal en el resto de España. Estamos ante un recorte de la libertad. España no es un Estado federal sino una nación, y cada parte no puede afectar a los derechos fundamentales del conjunto, salvo que se cambie la Constitución. Que se cambie, o que se cumpla, pero torearla, no.
A mí personalmente no me gustan nada las corridas de toros, me parece torturar al animal y poner en riesgo las vidas de la cuadrilla, pero lo que hago es no ir. Como no voy a espectáculos porno ni veo telebasura. Es mi elección, ejerzo mi libertad de elegir, puedo elegir. Solo si ir a los toros, o el porno, o la telebasura fueran una obligación, sería aceptable, en mi opinión, plantearse prohibirlos. Pero no es el caso. Con elecciones autonómicas catalanas a la vista era mucho esperar que los socialistas catalanes, acogotados en las encuestas, no optasen por la demagogia nacionalista antiespañola de cargarse al toro ´español´.
«Yo he votado en contra de la prohibición de las corridas de toros porque creo en la libertad, hubiera preferido que ir o no ir formara parte de una elección de los catalanes», ha dicho el presidente José Montilla. Hay que ser hipócrita, porque ha sido él mismo, máximo líder del PSC, el que ha dado esa libertad de voto a sus diputados... Libertad para votar contra la libertad de quienes quieran ir a los toros en Cataluña. En roman paladino: sorber y soplar es algo que no se puede hacer; teta y sopas no caben en la boca. E hipocresía también de todos los diputados del ´sí´ para prohibir las corridas de toros por el maltrato al animal y negarse a hacer lo propio con los ´correbous´, donde al mismo animal cuya defensa invocan ahora se le maltrata aun con mayor saña y desprotección por auténticas turbas de indocumentados en fiestas populares' No muere, alegan. ¿Y...? A veces, también, y a golpes: en las calles los toros soportan muchísimas más horas de tortura que en las corridas.