A medida que vamos conociendo más detalles acerca de la reforma laboral se incrementa la evidencia de que en éste, como en otros asuntos, al Gobierno le superan los acontecimientos. El decreto con el que Zapatero ha viajado a Bruselas volverá al Parlamento para convertirse en proyecto de ley, lo cual es tanto como decir que estamos ante una crisálida que acabará en mariposa. Quiero decir que cuando los sindicatos hagan su huelga general para protestar contra las medidas que conocemos hoy, las normas serán otras. Pueden cambiar porque el PSOE no tiene mayoría y necesitará apoyo parlamentario. Si quiere el de CiU, ya sabe lo que tiene que hacer. Si pretende el apoyo de los vascos, la cosa tampoco le saldrá gratis. Del PP, a juzgar por las palabras de Rajoy en Bruselas, que no espere ZP ni agua.
Estamos en uno de esos momentos políticos para los que Antonio Gramsci reservaba el calificativo de tragedia política, tragedia que acontecía cuando lo nuevo no acababa de nacer y lo viejo no terminaba de morir. Faltan dos años para completar la legislatura, pero políticamente hablando el Gobierno y el presidente Zapatero están quemados. La falta de crédito político trasciende al ámbito económico y cursa de forma transversal hacia los estados de opinión de dentro y de fuera. Todos los especialistas coinciden en que sin crecimiento económico no se sale de la crisis; son mayoría quienes vinculan la recuperación a la circulación del crédito hacia las empresas, con el fin de que puedan sobrevivir y crear empleo. También está muy extendida la opinión de que, a corto plazo, la reforma laboral no creará puestos de trabajo. Desde luego, la anunciada huelga general no contribuye a mejorar las expectativas. Conclusión: donde hay que responder al Gobierno Zapatero es en las urnas, no en el tajo.