Urge que los españoles sean otra cosa. Por lo que se sabe, España era, de antiguo, un país de campesinos con poca industrialización. Dicen que para hacerse europeo cambió agricultores y ganaderos por caminos, canales y puertos. Para hacer todas esas infraestructuras, el Estado contrató a unas pocas grandes empresas y estas a mucho peonaje.
Se podría decir que España se especializó en hacer funcionarios porque en 30 años construyó un sistema administrativo descentralizado de contratación masiva. Ahora esto no gusta porque no se lleva nada creer que los países son mejores cuanta más clase media tienen. Los jóvenes prefieren ser empleados públicos que emprendedores, según las encuestas, y se entiende porque da para una vida aseada y para una vivienda en propiedad, que es lo otro que quieren los españoles y por ella se hipotecan 25 años. Eso permite que los bancos hayan dado enormes beneficios hasta que sea preciso que el Estado les auxilie.
Se sabe que España es soleada. Donde tuvo arenales dispone de hormigonales para el descanso de media Europa, lo que da trabajo porque alguien tiene que hacer las camas. Los españoles tienen fama de vagos y la jornada más larga de Europa. No trabajan poco pero el trabajo no funciona en el país, plusmarquista del paro. Los pocos empresarios españoles odian o temen dar trabajo y se han especializado en no emplear. La sexta reforma del mercado laboral en 20 años profundizará en esa especialización.
Los españoles parecen saber que esto no lleva a ninguna parte y apenas se reproducen (su natalidad es de las más bajas del mundo), como para ajustar la población a los recursos. Pero hay que hacerlo más rápido, de ahí las medidas urgentes. Por lo que se oye.