Es costumbre pagesa la de ir añadiendo habitaciones a la casa a medida que crece la familia. En el edificio del Consell está pasando esto, sólo que la familia ha aumentado tanto que ya no queda espacio por donde crecer y los trabajadores han ido pasando lo que llevamos de legislatura cambiando sus enseres de un sitio a otro, para ir haciendo hueco al siguiente que entraba. Otros aún no han parado de hacer reformas para adaptar la sede a las necesidades de la ´nueva familia´. Así, hasta que hemos tenido que sacar los coches del parking que, hasta hace poco, venía dando servicio a los ciudadanos que, al fin y al cabo, son los que usan el Consell para hacer sus gestiones y trámites.
Pero en esta casa hay quien ya lleva, como quien dice, un par de añitos y, aunque quizás alguna vez nos gustara ser más jóvenes, siempre agradecemos la memoria que el tiempo nos da. Porque gracias a esa memoria, histórica o no, todos recordamos los insultos, bromas pesadas y acusaciones que los partidos de izquierda llegaron a dedicar al entonces presidente del Consell Insular, Antoni Marí Calbet, cuando decidió impulsar las obras de este edificio. Que si era mejor usar el dinero para pagar las obras del Castillo, que si habría que usar un patinete para ir de lado a lado de la sede… y así un largo etcétera de ataques que Marí Calbet resistió porque sabía, y el tiempo le ha dado la razón, que era necesaria una sede pensada para el futuro, sede que fue pagada con aportaciones extraordinarias del Govern y que, por tanto, no mermaron la capacidad económica e inversora de esta institución.
Como digo, el tiempo le ha dado la razón a Marí Calbet y, no sólo eso, sino que quienes criticaban las dimensiones del edificio ahora han hecho que se quedara pequeño para sus pretensiones de estructura de gobierno. Porque si cada uno de los muchos que ocupan mesa por cuatro años, es decir, por haber sido nombrados a dedo por el presidente Tarrés pagaran cuota por el espacio ocupado, seguramente el Consell no tendría tantos problemas económicos como tiene ahora.
La sede del Consell se está reformando y amoldando a los gustos de sus ocupantes actuales, eso sí, a cargo de los fondos públicos, que bien poco han destinado en estos tres años a beneficio de los ciudadanos. Ahora nos quedamos sin poder usar el parking del Consell. Y pueden decir que también el gobierno del PP previó eliminar estas plazas de aparcamiento, sí, pero era para ubicar allí una guardería para los hijos de los trabajadores y, además, se tenía prevista también una alternativa al aparcamiento que se iba a perder.
Como siempre, los ciudadanos serán los más perjudicados con las decisiones de este equipo de gobierno. Eso, además, en una ciudad en la que el aparcamiento brilla por su ausencia y la zona azul resalta por su excesiva presencia. Así que venir al Consell, en tiempo de crisis, nos va a costar dinero. Ya no sólo se puede decir que ´aquí no hay quien viva´ sino que también se puede decir ´aquí no hay quien venga´.