Medio siglo antes de que Demi Moore sacralizara los matrimonios de alto estándar entre mujeres ampliamente mayores que sus parejas –una bendición para los varones de cierta edad, porque retira del mercado a jóvenes agraciados– , Julia Urquidi Illanes escandalizó a la sociedad peruana al casarse con su sobrino político. El novio se llamaba Mario Vargas Llosa, no había cumplido veinte años y sus triunfos carecían incluso de una dimensión embrionaria. De este modo, la mujer boliviana que acaba de morir fue una precursora de las hoy aquilatadas mujeres cougar, que patrullan la noche con la diferencia de edad a su favor como aliciente adicional de sus capturas.
Con una década larga de diferencia entre los esposos, la unión duró sólo –o nada menos que– nueve años, pero está literariamente justificada porque alumbró ´La tía Julia y el escribidor´. No cabe desgranar la novela porque todo el mundo ha visto la película. El acceso a los grandes libros a través de la pantalla ha quedado legitimado con la muerte de Miguel Delibes, autor según parece de los diálogos cinematográficos de Alfredo Landa y Francisco Rabal.
Vargas Llosa cayó en brazos de la tía madura para que un día pudiéramos atraerlo al género people, donde la centrifugación sentimental de su biografía se alarga en la figura de un niño a quien tratan de convencer de que su padre ha muerto, para disimular la separación conyugal de sus progenitores. O que casa en segundas y hasta ahora definitivas nupcias con una prima, siempre cobijado a la sombra de su frondoso árbol genealógico. Asistimos en realidad a la sumisión de cualquier singularidad de estado civil a su carrera literaria, la marca de los gigantes.
Entre tías y primas, cómo no reservar un párrafo para los tiempos en que Isabel Preysler exteriorizaba su admiración por el escritor –«con quien guarda una cercana amistad», según subrayaba la prensa cordial peruana– . La fulgurante pasión literaria de su esposa generó la incertidumbre que sólo podemos compartir en Miguel Boyer. Enérgica cual corresponde a una cougar, la tía Julia replicó a la novela de Vargas Llosa que ostentaba su nombre con el despectivo libro ´Lo que varguitas no dijo´. Por desgracia, la historia admite una única versión definitiva de un acontecimiento.