En los minutos que llevo pensando en cómo empezar este artículo no han detenido a ningún alto cargo del Govern, así que aprovecho esta tregua para hablar de otros asuntos que no tengan que ver con la clase política que soportamos. Los turoperadores, aprovechando que la crisis (el Pisuerga) pasa por el turismo (Valladolid) se han puesto chulitos y han acribillado a exigencias al sector turístico ibicenco. A los responsables políticos se les debió atragantar el canapé cuando los que cortan el bacalao empezaron pidiendo flexibilidad en los precios de los hoteles y acabaron exigiendo que hasta los negocios cercanos al establecimiento formen parte de un todo incluido que haría honor a su nombre. (Abro aquí un paréntesis para quejarme amargamente del numerito de las políticas luciendo modelitos adlib en la foto junto a sus colegas hombres vestidos con traje y corbata. ¡Basta ya de machismo! Si hay que hacer el ridículo, que lo hagan todos. Cierro el paréntesis).
A la manera de vulgares chantajistas, los turoperadores amenazan además con llevarse a los turistas sedientos de sol y playa a Turquía, Egipto y Croacia, donde, por lo visto, están que lo tiran (o eso nos cuentan). Por una vez, y sin que sirva de precedente, voy a posicionarme (extraño palabro que usan en el sector turístico) al lado de los turoperadores. Es más, afirmo que se quedan cortos en sus peticiones. Por incluir que no quede. Ahí va mi propuesta:
A la llegada, el turista será recibido con una alfombra roja para bajar del avión e imposición de collares hechos con flors de baladre. Un taxi legal con un conductor que tendrá prohibido hablar de política le llevará hasta el hotel. Una vez allí, el director en persona les dará la bienvenida y les lanzará pétalos de rosa (prohibidas las peladillas). La habitación incluirá jacuzzi y sauna, home cinema, champán francés a gogó y un amplio catálogo de acompañantes (léase chulazos y pibones) para jugar al backgammon por la noche. En la playa, los chiringuitos ofrecerán paella de marisco y sangría a tutiplén. Los camareros serán solícitos y al finalizar acunarán al cliente hasta que se duerma, cantándole una nana si es preciso. En las excursiones, los visitantes serán trasladados bajo palio y cada turista dispondrá de su propio porteador, que irá cargando con los sucesivos souvenirs que, completamente gratis, irán cargando en la mochila. Las tiendas de la isla no sólo regalarán la ropa sino que sus dependientes asegurarán que las bermudas quedan divinas con chanclas y calcetines o que el blanco adlib va de muerte con el rojo langostino de la piel quemada. Por la noche los más afamados barman prepararán martinis agitados, no removidos, en los locales de moda y las discotecas atenderán a los clientes de los turoperadores en los privé, donde se codearán con famosos de la talla de Marc Ostarcevic o Yola Berrocal. Al partir, un beso y una flor, un te quiero una caricia y un adiós.
Se van a enterar los turcos y los egipcios.