El PP esta personado como acusación particular en el caso Gürtel y no ha pedido la nulidad. Creo que es bastante clara nuestra postura». Así respondió Dolores de Cospedal, sin el más mínimo atisbo de rubor, a la pregunta de si su partido tenía intención de reclamar la nulidad de la instrucción del sumario sobre la presunta trama de corrupción que afecta a dirigentes populares e incluso apunta a la posible financiación irregular del partido.
O sea que, siguiendo una estrategia que ya les diera buenos resultados en el pasado, el PP lanza la piedra y esconde la mano. Porque, ¿quién si no Federico Trillo, principal estratega de la defensa del partido, ha movido los hilos de ese teatro de marionetas en que se están convirtiendo algunos tribunales superiores y el mismísimo Supremo, para lograr que se acabe de una vez por todas con el asunto Gürtel? Seguro que el ex ministro Trillo no cabrá en sí de gozo al conocer, y apostaría que no por la prensa, que el Tribunal Superior de Madrid se inclina por dejar sin efecto las conversaciones grabadas entre la trama corrupta y sus abogados. Cosa que, de confirmarse, podría hacer que se viciaran todas las actuaciones que se deriven de esas escuchas y, de esta manera, reducir notablemente las imputaciones hasta llegar, si cabe, a la impunidad de unos delincuentes.
Hay quienes piensan que el caso Gürtel se parece cada día más al caso Naseiro, en cuya estrategia de defensa también participó Trillo, para lograr que se convirtiese en el caso Manglano, juez que ordenó las escuchas que, al ser definitivamente desestimadas por el Tribunal Supremo, acabó con el archivo de la causa. Otro árbol envenenado. De momento, la estrategia de situar las luces cenitales sobre Garzón les está dando muy buenos frutos. Garzón en la picota y los personajes de Gürtel presentándose como acusadores particulares.
Pero hay también quienes piensan que, esta vez, el árbol realmente envenenado es el que están regando con tanto mimo los jerarcas del PP. Porque si, después de todas estas maniobras, los chorizos quedan impunes –cosa que dudo– la gente va a sentirse muy, pero que muy, indignada. Y alguien lo tendría que pagar.