La decisión del PP de fichar a Juan José Cortés como asesor para la reforma del Código Penal me parece un acto simple de demagogia. De la peor demagogia.
Juan José Cortes es el padre de Mari Luz, la niña brutalmente asesinada en Huelva, cuyo asesinato conmovió a España entera. Todos sentimos el dolor de los Cortés, y todos podemos entender su deseo de que la Justicia haga pagar a quienes les arrebataron la vida de su hija. Pero Juan José Cortés no es abogado, no es un jurista, no es una persona que tenga una preparación específica para aconsejar sobre la reforma del Código Penal. Es, sí, un padre dolorido, un padre que quiere justicia, pero querer justicia no es lo mismo que ponerse a aconsejar cómo se debe legislar.
Entiendo su deseo de que se endurezcan las leyes para los pederastas, para quienes eligen a los niños como sus víctimas, pero ese endurecimiento de las leyes no se puede dejar en manos de un padre dolorido, sino de los legisladores, que tienen la obligación de pensar en el bien común con la cabeza fría.
Puedo entender que el padre de Mari Luz haya aceptado la invitación del PP, pese a que antes era militante del PSOE y luego ha intentado formar parte del partido de Rosa Díez. Pero lo que no puedo entender es la maniobra electoralista y demagógica del PP fichándolo. En política no vale todo para conseguir un titular en los periódicos. Si el PP cree que hay que endurecer aún más el Código Penal lo debe de plantear en el Parlamento, además de proponer ese endurecimiento en su programa electoral.
Los populares tienen expertos cualificados en Derecho Penal, expertos de reconocido prestigio y solvencia, para no tener que recurrir a un padre dolorido buscando consejo. Un consejo que es un acto de simple demagogia que es como un boomerang.