Hace dieciseis años compré un Lancia Delta de color azul marino que es el que sigo usando en la actualidad y (como dicen los que venden coches de segunda mano al ponderar la mercancía) está ´impecable´. Tiene una linea bonita, no se ha pasado excesivamente de moda gracias a las bondades del diseño italiano, y dispone de las comodidades básicas, como el climatizador que entonces era una sofisticada novedad. Fuera de alguna rozadura inevitable en la tapicería puede competir en prestancia con cualquier otro modelo más moderno. Pensaba cambiarlo (no es bueno que un automóvil dure de media más que un matrimonio ), pero he leído que la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, al hacer la preceptiva declaración de bienes en el Boletín Oficial de su Comunidad, afirma tener otro de la misma marca y modelo que ya pasa de los 21 años de vida activa y que compró cuando aún no había accedido a la vara de mando. Y, claro, me he dicho ¿si a una señora como Rita Barberá, que tiene aspecto de pisar a fondo el acelerador en todas las actividades que acomete, el Lancia Delta, le ha durado más de 21 años, y es el único coche que posee, para qué voy yo a cambiar el mío? A poco que lo cuide aún le quedan otros cinco o seis años de buena vida. Algunos maliciosos alegaran que la longevidad del vehículo no tiene mérito porque lo más seguro es que doña Rita, por razón de su cargo, se haya pasado estos 21 años subida al coche oficial mientras el pobre Lancia Delta permanecía estabulado aburridamente en un garaje de alquiler durante todo ese tiempo. Y digo bien de alquiler, porque según se desprende del Diario Oficial de la Comunidad Valenciana, la señora Barberá no tiene piso propio con derecho a garaje y el resto de su patrimonio se reduce a un modesto paquete de acciones. En cualquier caso, superior al del presidente de la Generalitat y compañero de partido, Francisco Camps, que declara una cuenta corriente con 905 euros y un coche Saab de 15 años de antigüedad y un valor estimado de 1.500 euros. La modestia de los dos principales políticos valencianos llama la atención y ahora se explica que algunas buenas almas se hayan lanzado a regalarles bolsos de Loewe y cortes de traje para compensarles por tantos desvelos en beneficio de la ciudadanía. Y si se hiciera una colecta para comprarles un coche nuevo, a parte del oficial, pues sería una justa iniciativa. Hay que cuidar a quienes velan por nosotros. Por lo demás, yo no puedo más que manifestar mi simpatía por el hecho de que la señora Barberá y el señor Camps mantengan en uso un automóvil de más de 21 años y otro, de más de 15. Deduzco que lo hacen por razones de tipo práctico y por motivos sentimentales. El automóvil es un compañero de viaje (nunca mejor dicho) al que hay que respetar en su honorable vejez. Todos sabemos que hay gente que, llegada la hora del retiro, prefiere pagarle una plaza en un garaje que mandarlo al desguace. Y cada seis meses, o una vez al año, los ponen en marcha para que no se les pare el corazón. Yo supe de más de un caso en que, fallecido el propietario, la familia continuó conservando la vida de su coche como recuerdo. Me temo que, me resultara difícil desprenderme del viejo Lancia Delta.