Parecería como si en estos días el Gobierno y el PP hubieran formalizado una competición para ver quién es menos merecedor del apoyo popular. El Gobierno, con sus constantes errores o meteduras de pata, o golpes de mala suerte, y el PP en la nueva salida a la superficie de conocidos y nuevos charcos de corrupción y actuaciones merecedoras de rechazo político y ético. El Ejecutivo de Zapatero no da una en el clavo en materia de comunicación y de explicación pública de sus planes o de sus decisiones, como ahora mismo ocurre con el tema de las pensiones y de la idea, rechazada luego, de elevar a 25 años el periodo de cálculo de las mismas, tras su recogida de velas en la elevación general a los 67 años de la edad de jubilación. El plantón de Obama a Zapatero parece más bien consecuencia de una insensata convicción del Ejecutivo de que el presidente americano iba a venir a Madrid en mayo cuando nunca se aseguró tal cosa. En todo ello llueve sobre mojado y se adivina una importante carencia de control político y comunicacional desde la Moncloa y aledaños. Esta carencia ya es vieja y yo la he señalado en multitud de ocasiones.
En cuanto al PP, no desperdician ocasión de zaherir al Gobierno, casi siempre sin base o con exageración manifiesta, eludiendo la más mínima posibilidad de echar una mano en materias de Estado y en la lucha contra la crisis económica. González Pons ha llegado al disparate de criticar el viaje de Zapatero a Washington en lugar de acudir al funeral por el soldado muerto en Afganistán, tal vez insinuando que nuestro presidente debió vengarse de Obama renunciando a su visita a la capital americana. Al mismo tiempo, Madrid, Balears y la Comunidad Valenciana han seguido siendo escenario de renovadas invectivas de la corrupción que corroe al PP y que coloca ante el abismo a muchos de sus dirigentes, ahora de modo especial a Jaume Matas. No sé si este país es capaz de aguantar la brutal escalada competitiva entre sus dos grandes partidos para ver quién lo hace peor.