En labios de Esperanza Aguirre o de cualquier otra condesa, ´hijoputa´ es un apelativo afectuoso, cuyo autor persigue el hermanamiento con el destinatario. El tono comendatorio y encomiástico de la expresión –salvo cuando bautiza a un árbitro– viene defendido desde el Quijote, donde se contrae en la hermosa palabra ´hideputa´, impropia de paladares aristocráticos que suelen apostar por la versión íntegra. Cervantes apostrofa a quienes no reúnen los requisitos para recibir esa calificación. «Renegad de los hijos o hijas que no hacen obras que merezcan se les den a sus padres loores semejantes». Por tanto, la presidenta de Madrid no improvisó, sino que excavó su improperio en los árboles genealógicos de mayor prosapia.
El estruendoso «hijoputa» ha postergado factores más significativos de la ya histórica frase «hemos tenido la inmensa suerte de poder darlo a IU quitándoselo al hijoputa». En tiempos en que se reprocha a los actores teatrales su pésima dicción del verso, Aguirre sobresale por su profesionalidad al silabear la filiación. No peca del candor que desfigura un insulto, al pronunciarlo un petimetre. La presidenta de Madrid formula su maldición con la profesionalidad que en tiempos de mayor hidalguía iría apuntalada por un escupitajo. Queda claro que no era la primera ocasión en que pronunciaba esa expresión, ni siquiera en el viernes de autos. Su melodiosa administración del término demuestra que conoce a numerosos ´hijos de puta´, no sólo en el seno de su partido.
La frase de Aguirre demuestra asimismo la degradación de la enseñanza, y aquí la culpa recae íntegramente en las reformas del PSOE. El escándalo nacional debió surgir por la concatenación antigramatical en la frase de marras de dos infinitivos –«poder darlo»–, desaconsejable incluso en un intercambio oral y mucho más doloroso para un oído cultivado que el ´hijoputa´. Ninguna condesa hubiera incurrido en ese error hace un siglo, pero la democracia ya se sabe.
Enfrentada un día a dos periodistas de la capital, la presidenta madrileña reprendió a uno de ellos por socialista, pero reservó para el otro la quintaesencia de su veneno, «porque tú eres peor que socialista, eres gallardonista». La trayectoria de Aguirre ha enfocado a Gallardón como objetivo de su cariñosa interpelación. Al descartar expresamente al alcalde de Madrid, la experta en conexiones maternofiliales dejaba expedita una larga lista, encabezada por el presidente de su partido. Dado que el elocuente discurso de la presidenta madrileña se vincula a Caja Madrid, se trataba de la adaptación castiza de la diatriba de Obama contra los bancos.
El «hijoputa» cuidadosamente emitido no será contraproducente para el arraigo electoral de su autora. La Aguirre que jura a micrófono abierto coincide con la heroína que emerge sonriente tras el desplome de un helicóptero, junto a un Rajoy tembloroso y empalidecido. La primera dama del PP ha restaurado su liderazgo, con una propuesta de consenso que abraza a Izquierda Unida –a punto de postularse como sucesora de LLamazares– para contrarrestar la sobredosis de ´hijos de puta´ en el poder. La roja Aguirre no se sonroja. Si Rajoy quiere recuperar el liderazgo de sus huestes, ya sabe qué expresión ha de perfeccionar ante el espejo al que le pregunta cada mañana quién será el próximo presidente del Gobierno.