VAMOS, DIGO YO... - Llanos Lozano
Es el progenitor bíblico. Tanto sus descendientes como su linaje son prolíficos, e imposibles de retener en la memoria. Ya sabemos que Noé tuvo tres hijos: Sem, Cam y Jafet. Sem, con cien años a su espalda, engendró a Arfasad, dos años después del diluvio. Vivió Arfasad treinta y cinco años, y engendró a Sale; éste, muchos más tarde, a Heber, y éste tuvo hijos e hijas, y además engendró a Palep. Ya viejo, éste engendró a Reu y éste a Sarug, y doscientos años después éste engendró a Najor, el cual fue padre de numerosos hijos e hijas, entre ellos Teraj, que vivió también muchísimo y fue padre, entre muchos de Abram, Najor y Aram. Y tomaron esposa y engendraron con ellas y con las correspondientes concubinas. El último engendró a Lot. Todos ellos, sin haber salido aún del país de Ur Casdim, hasta que la tierra escaseó, entre los que nacían (legítimos o no), los que se conservaban, los que adoptaban y algún otro, por obediencia a Yavé. En un par de cientos años eran ciento y la madre, que era Sarai, pues esa ´i´ final significaba que no podía tener hijos. Yavé les ordenó que se fueran buena parte a la ciudad de Canaán, y allí se establecieron hasta que sobrevino una enorme escasez de agua y víveres y decidieron pasar a Egipto.
Sarai era esposa de Abram pero también era hermana de padre, lo cual debería no saber mucha gente porque Abram (más adelante se llamará Abraham) le prohibió decirle a nadie que era su mujer). Esta moza era hermosísima y su marido, conociendo el percal de los egipcios y sus amiguetes, necesitaba agua y entendimiento con los de aduanas (y algún mandatario de la corte): de ahí vino la prohibición. Efectivamente los correveidiles de siempre describieron la belleza de la tal Sarai, y Faraón se la apropió por las buenas, a cambio de alimentos, agua y lo que pidieran. Pasó el tiempo y el clima de Egipto y las circunstancias comenzaron a descomponerse, y hubo grandes plagas. Los adivinos de Faraón, los sacerdotes, analizando los hechos, los achacaron a la presencia de Sarai. Asustado Faraón se la devolvió corriendo a Abram con cantidad de riqueza, esclavas incluidas, entre las cuales estaba Agar, egipcia naturalmente y negrita, pero preciosa a todo lo demás. La ley vigente procedía del antiquísimo código de Hammurabi, de ahí la permisividad sanguínea: Sarai podía ser la hermana y la esposa al tiempo.
Sarai entregó (porque podía hacerlo) a Agar para que su marido pudiera tener descendencia. Y parece que el niño nació estando sentada su madre parturienta entre los muslos de su ama, para que «simbólicamente semejase su hijo». Nació el niño y le pusieron el nombre que Yavé había ordenado, Ismael, pero la historia acabó mal. Agar se sintió «reina y superior» a Sarai. Las dos mujeres se enemistaron y Abram dio un recipiente con agua y un pan a Agar y la expulsó al desierto. Pero un ángel de Yavé la auxilió. De ahí que los descendientes de Ismael, y por tanto de Agar, que se llaman agarenos, sean igualmente de idéntico origen. Con el tiempo, Yavé hizo que Sarai engendrase un hijo, Isaac y desde entonces se llamó para siempre Sara.