En su momento, dediqué unas líneas a lo que me pareció una alarma desproporcionada con relación a la gripe A que no se publicaron, cosa que estimé acertada porque, además de levantar sospechas no del todo fundadas sobre el interés de los laboratorios implicados –mea culpa–, daba la impresión de que aconsejaba al personal que no se vacunara. Y nada estaba más lejos de mis intenciones cuando yo mismo, obediente a la prescripción facultativa, he sido de los pocos que se ha vacunado contra las dos gripes, la de todos los años y la nueva. Lo que entonces quise comentar, eso sí, es que olía mal el toque a rebato que nos hacían como si nos amenazara el mismísimo Apocalipsis, cuando buena parte del personal sanitario se negaba a vacunarse y no pocos facultativos confirmaban dos aspectos determinantes: que la mortalidad de la gripe ordinaria era mayor que la nueva y que ésta, siendo muy contagiosa, sólo revestía cierta gravedad para personas con afecciones que pudieran complicar el ´cuadro´.
Llegados a este punto del invierno, es muy posible que la gripe de marras tenga todavía alguna cresta en los próximos meses, pero todo hace pensar que es agua pasada y prueba de ello es que los gobiernos han reducido sus compras de antivirales y vacunas y ya piensan pasar los excedentes adquiridos –con fecha de caducidad y dado que aquí nos hemos vacunado cuatro gatos– a los países que más lo necesiten. Se ha confirmado, por tanto, que la alarma creada no estaba del todo justificada y que la feria que montamos le ha costado un pastón a Sanidad, es decir, al contribuyente. Cabe reconocer que es fácil decirlo a toro pasado y que más vale prevenir que curar, particularmente cuando existía el riesgo de que el virus mutara, pero en tal caso la vacuna tampoco hubiera servido. Ahora, la OMS, a través de un organismo independiente y a raíz de las críticas que ha recibido, reconoce públicamente que revisará una estrategia que posiblemente exageró la virulencia de la enfermedad por presión de las farmacéuticas. Bien está. Pero puestos en ello, tal vez convendría corregir también el hecho que empleados de las farmacéuticas lo sean también de la OMS, organismo que define las pandemias.