Los mercados no han tenido precisamente una buena semana, aunque en conjunto estén dando rentabilidades por encima de los mínimos de marzo del año pasado. Han ocurrido demasiadas cosas. La devaluación de Chávez, los malos resultados de algunas grandes norteamericanas, el nuevo impuesto a la banca en EEUU y la evolución económica de algunos países del euro que han hecho que el dólar se revalorice. El IBEX dejó atrás los 12.000 puntos y un 2,6 por ciento de ganancias. Sin embargo, el horizonte no pinta demasiado bien. Y si este semestre las cosas no van bien puede que ya no remonte el resto del año. Dicen algunos expertos que este semestre no hay que tener miedo al riesgo y que las ganancias pueden rondar al final del año entre el 10 y el 15%. Rentabilidades que se pueden ir a pique si este primer semestre acaba siendo rematadamente malo.
En fin, ya saben que análisis hay para todos los gustos. Este año va a ser un año malo para España y mejor para otros socios y para Estados Unidos, Japón y China. Pero, asistimos a un año peligroso para la economía y quizás también para las empresas españolas que operan en Venezuela y Argentina y ya saben que el IBEX se nutre en un porcentaje enorme de esas empresas. Hay que extremar la precaución y pensar que la bolsa es para la mayoría una inversión a largo plazo.
España tiene en la nuca a las agencias de calificación de deuda. Esta semana hemos conocido un informe de HSBC que opina que habría que rebajar el rating al menos tres peldaños por riesgo de impago. Estamos en este sentido más cerca de Grecia que de Francia y desde luego si no estuviéramos en el euro, tendríamos aquí a los ´agentes´ del FMI y varias devaluaciones. Las masivas emisiones de deuda que habrá que realizar tendrán un coste mayor y los recursos para el sector privado serán menores. En definitiva, una espiral que parece no preocupar al Gobierno, pero sí que puede convertir a España en un país de tercera, poco fiable y condenarnos a una década para olvidar.