Ya sabrán a estas alturas que la CIA montó un esbozo de falso atentado aéreo en Detroit el día de Navidad, para obligar a James Matas a pasar por un escáner corporal antes de volar a Mallorca.
En contra de lo publicado, al ex presidente no le preocupa su interrogatorio como poliimputado –ha batido junto a su esposa el récord nacional de imputaciones en la modalidad de parejas–, sino la tortura a cargo de la máquina infernal que lo desnudará en el aeropuerto.
Por ello, y dado que él puede permitírselo, ha contratado a un especialista en derechos humanos para combatir la última invasión aeroportuaria a la intimidad de sus ciudadanos. Esta iniciativa altruista lo confirma como el primer Mandela blanco, preso únicamente de su conciencia.
Por el escáner no pasa. Si Matas Luther King, campeón de los derechos humanos, se guiara por un comportamiento egoísta, habría contratado a un especialista en fiscalidad, que aclare los malentendidos entre su humilde declaración de Hacienda y sus generosos dispendios.
En cambio, su vocación por el servicio público le ha impulsado a encabezar una iniciativa ciudadana. Desoiga a quienes atribuyen el nerviosismo del ex presidente a que se niega a la exploración de su verdadera esencia, porque los billetes de 500 euros son transparentes a los rayos X y a los microondas.
Además, la legislación establece que los pasajeros de primera clase quedarán exentos del escaneado, porque Al Qaeda no tiene presupuesto para pagarse un billete de ese precio.
Si la contratación de un experto en derechos humanos no logra la erradicación del escáner en los aeropuertos, el poliimputado daría otra vuelta de tuerca y se declararía en huelga de hambre, con lo cual incorporaría la liberación del Sáhara –y de Abjazia– a su incesante campaña en pro de las libertades.
Jimmy Matas se emparenta a su tocayo Jimmy Carter, otro antiguo presidente incomprendido en el poder pero que ya ha pacificado medio planeta.
Ahora mismo y dado su ímpetu solidario, no podemos descartar que Matas sea el primer mallorquín ganador del premio Nobel de la Paz.
Y a buen precio.