Ya vienen los Reyes / por el Arenal / a traer al Niño / delicias con pan». La sabiduría del pueblo, de la que son un singular ejemplo los villancicos, es simple y profunda, porque está amasada por los años, trasmitida de padres a hijos, y a menudo picarona y simpática. «En el portal de Belén / los ladrones han entrado / y al bueno de San José los calzones le han robado».
Cambian a menudo alguna palabra, o una preposición. Suelen ser anacronismos como catedrales, porque el paso del tiempo quita y pone, transforma, reconvierte, transfigura, renueva. «Los Magos de Orienten / se van de Belén / por otro camino / del que trajeron / para salvar al Niño / de persecuciones».
A veces describen una tierna escena familiar: «La Virgen lava pañales / los tiende en el romero / la Virgen lava cantando / y el romero floreciendo». «A Belén, pastores / a Belén, chiquillos / que ha nacido el Rey de los angelitos». O con letras disparatadas, como: «Ya vienen los Reyes / olé, olé, olá / con los camellos cargados / olá, olé y olé / y Holanda ya se fue».
También los hay poéticos sin más con una rima un tanto ripiosa. «En el portal de Belén / hay estrellas, Sol y Luna / la Virgen y San José / y el Niño que está en la cuna / Anda, anda, anda / la Marimorena, / Anda, anda, anda, que hoy es Nochebuena». Y hasta con cierto pesimismo: «La Nochebuena se viene / la Nochebuena se va / y nosotros nos iremos / y no volveremos más».
Y otro muy gracioso, que yo lo oí convertido en chiste: «El Niño se ha despertado / por el ruido que arman / los angelitos / San José se ha enfadado / Pero ellos se escapan riendo: / No nos puedes dar azotes / porque nunca tuvimos culito».
Estoy escribiendo esta rara colaboración, pero no tengo tanta memoria como la que necesitaría para hacer un trabajo más serio. Mis vacaciones, como otras veces, no han sido todo lo alegres que hubiera querido, y tras el anno terribilis (¿lo dijo así su Graciosa Majestad Isabel II?) que hemos pasado, sólo nos queda desear que el 2010, Año Santo Jacobeo, sea menos malo. Cuando estuve en Santiago, le dí el consiguiente abrazo al Apóstol, estando él de espaldas como es costumbre. Vi volar el Botafumeiro sobre mi cabeza...
Curiosas costumbres las de este pueblo de pasiones que es España. No sé ningún villancico que hable de crisis, desempleo, pero no importa, siempre habrá algún mantecado que echarse a la boca. Y los mantecados, al menos los que hacía mi abuelita (que en paz descanse) eran suculentos.
Que tengan buen año.